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Me siento a la mesa y enciendo la tele. Busco noticias, es una costumbre en casa mientras cenamos, el único momento del día en que veo imágenes que ilustran las noticias que he ojeado a primera hora en la prensa digital o escuchado en la radio a lo largo del día.

Pero las imágenes que veo en la pequeña pantalla de televisión de la cocina me quitan el hambre casi al instante. Un hombre ensangrentado es arrastrado, vapuleado y linchado por un grupo de personas armadas. Me cuesta unos segundos arrancar la mirada de la escena, hacía tiempo que no veía algo tan brutal. Cambio de cadena y a los pocos segundos se repite la misma escena. Mis hijos miran fijamente sus platos, no les gusta la sangre. Yo asimilo que es la noticia del día y que da igual que cadena ponga, van a repetirla una y otra vez. Nos quedamos con un programa de humor y seguimos cenando mientras intento explicarles lo inexplicable.

Pero más que la brutalidad de las imágenes, la tortura pública y ese linchamiento emitido casi en directo, me escandaliza el tratamiento de la noticia en si. La falta de condena, la indiferencia ante el sufrimiento de un ser humano pidiendo clemencia. Presentadores ansiosos de dar paso a la gran noticia, el boom informativo de la semana, el morbo de la sangre, y eso vende, la audiencia es lo que cuenta.

 “Líderes occidentales piden investigar la responsabilidad en la muerte de Gadafi” días después en las noticias se oyen palabras como Justicia, Convención de Ginebra, Derechos Humanos… Demasiado tarde, hay determinados monstruos a los que no se debe alimentar, luego son completamente incontrolables.

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5 pensamientos en “Monstruos

  1. No sé si el tener un acceso tan fácil a todo lo que ocurre en el mundo está haciendo que se vean las imágenes como una película, como si fuera ficción, porque muchas veces se emiten con la misma asepsia que si se emitiera un paisaje aunque se esté contemplando un linchamiento o la más atroz de las violencias. Lo mismo esta globalización e inmediatez de las noticias nos está empezando a hacer inmunes a ellas. Lástima.

    • Pues supongo que algo de eso hay. Los corresponsales de guerra siempre han dicho que se distanciaban del horror que veian a su alrededor al verlo a través del objetivo de su cámara. Y a los espectadores (algunos más que otros) les debe pasar algo parecido, al final se confunde realidad y ficción, y si no quitas la vista ante escenas de películas sangrientas y violentas pues tampoco las quitas cuando esas imágenes son reales.
      A mi no me gustan ninguna de las dos imágenes.

  2. ¿La emisión de cierto tipo de imágenes es inadecuada porque hiere sensibilidades, por la cuestionable ética de la emisión en sí misma, por las dos cosas al mismo tiempo? ¿Dónde está la línea que divide la información del sensacionalismo? Muchas preguntas.

    • Muchas preguntas si.
      A veces es el planteamiento o enfoque de una noticia lo que la vuelve morbosa y amarilla. Me ha parecido vislumbrar en algún periodista a pie de calle cierta emoción en el borde de su sonrisa porque por fin tenía un suculento crimen que transmitir, mientras el cámara iba siguiendo los rastros de sangre de la acera como si fuera un sabueso olisqueando una presa.
      A mi en general, no me gusta la sobreexplotación que se hace de determinados sucesos en las televisiones, que son las que viven de la imagen, y le dan más importancia a veces a lo que se va a ver que al fondo de la noticia en si.
      Cada vez me gusta más la radio, cabe mucha más información en el mismo espacio de tiempo.

  3. Pingback: El espectáculo audiovisual « La línea de Euler

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