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Me he puesto a pensar acerca del equilibrio, y me he dado cuenta de que es una de las abstracciones más subjetivas que encuentro. Estoy pensando en el equilibrio como estado anímico y de las acepciones que da la RAE, “contrapeso, contrarresto, armonía entre cosas diversas”.  

Puede parecer que cuando uno dice o siente que está en equilibrio transmite o connota una situación de calma, incluso de cierto estatismo. Pero sin embargo, ahora que lo pienso, me da la impresión de que  el equilibrio implica un trabajo continuo, pues supone el encontrar permanentemente un contrapunto entre fuerzas opuestas. Digo muchas veces que estamos llenos de contradicciones, somos contradicción, o puede que contradicción no sea la palabra, puede que seamos más bien una suma de opuestos:  corazón y cabeza, serenidad y exaltación, paz y rebeldía, actividad y descanso, felicidad y tristeza, peso y levedad, orden y caos, luz y tinieblas, el ying y el yang. Todo eso forma parte de nosotros en proporciones muy distintas. No somos una cosa o la contraria, somos el resultado de la tensión que existe entre ambas. Y la tensión es diferente no sólo en cada persona, sino también en cada momento, y la estabilidad de hoy se romperá por un nuevo desequilibrio que provocará el aumento o disminución de alguna de nuestras fuerzas ante cualquier estímulo o cambio de circunstancias, o ante nosotros mismos.  

Y nos obligará a removerlo todo de nuevo para llegar a un nuevo equilibrio. Tan inestable, o tan dinámico como el primero. En permanente tensión.  En permanente búsqueda.  En permanente reajuste.

 

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3 pensamientos en “Equilibrio

  1. Quizás de los estados anímicos de los que hemos estado hablando ultimamente este sea el más difícil, el más frágil.
    A veces ese equilibrio entre nuestras ideas y nuestro corazón, lo que deseamos hacer y lo que debemos hacer dura solo segundos, otras tenemos más suerte y ambas fuerzas se ponen de acuerdo y tenemos calma, pero como dices, es tan inestable, que siempre va cojeando de uno u otro lado.
    En permanente reajuste, muy bueno. Es verdad, y así debe ser. Bs

  2. Lo que más me gusta de tu reflexión es que es aplicable a la vida en todos sus niveles.

    No solo en lo referente a humanos, con nuestras inquietudes, nuestros deseos, nuestras emociones y nuestro raciocinio que a veces complica, más que simplificar; también en el mundo microscópico de las células.

    Lo que para nosotros es una emoción, de hecho, para nuestras células no deja de ser un cambio de concentración de determinados compuestos químicos; una transición entre dos estados de equilibrio.

    Yo creo que te habría gustado estudiar bioquímica, fíjate.

    Hasta otro día, buen orto de la semana 🙂

  3. Como el equilibrista sobre el alambre, aparentemente calmo, imperturbable, pero con todos los músculos en permanente tensión. Así es como se consigue, bueno, eso dicen.

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