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Todo equilibrio necesita un punto desde el que definirse, o una línea. Para el equilibrista en el circo es el alambre el que define su equilibrio, para el resto de los humanos las líneas a veces son más difíciles de ver.

Las madres a veces les hablamos a nuestros hijos de esa línea que cruzan cuando de estar graciosos pasan a estar pesados, o de estar cariñosos a estar… pesados, o de estar juguetones a estar… igualmente pesados.

Línea es también la que separa el bien del mal. Línea que los humanos movemos a nuestro antojo escudándonos en nuestras diferentes conciencias,  en que nadie se va a enterar, en que el otro empezó primero o en que otros lo han hecho antes de nosotros.

Esta situación de crisis económica que nos mantiene en preocupación constante está haciendo que se vivan como más sangrantes los casos de posible apropiación indebida, malversación de fondos, contrataciones irregulares o evasiones de dinero a paraísos fiscales. Y nos escandalizamos de lo que hacen los demás, mientras nos parece natural contratar servicios sin factura para no pagar el IVA, colocar a nuestro primo en un cargo público o ocultar nuestros ingresos a Hacienda. Movemos la línea a nuestro antojo.

Y así nos va.

Hay una cultura general del fraude, de la permisividad ante él, y, acostumbrados a que no pase nada, cuando se llega a cargos en que hay mayor poder y mayor movimiento de dinero, el paso lógico es seguir defraudando, pero, claro, ya a mayor nivel. Y, en muchos casos, al igual que no hay una conciencia de hacer algo malo cuando el fraude es “menor” los imputados por fraude “mayor” sufren una sorpresa mayúscula cuando se les pilla, porque parece que ni siquiera eran conscientes de su traspaso de la línea.

Es una pena que la línea, esa pequeña línea entre el bien y el mal, no disponga de efectos visuales y sonoros cada vez que alguien la traspasa. Una pena, una verdadera pena, porque si los tuviera, nuestra vida estaría llena de luz y de color, como si estuviéramos continuamente paseando por Broadway.

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4 pensamientos en “La línea

  1. Ya te digo yo que la contaminación acústica que tendríamos soportar si el traspaso de esa línea fuera sonoro sería realmente insoportable.
    Tienes razón en que a veces somos permisivos con nuestras acciones, o directamente pensamos que lo nuestro no es defraudar, y sin embargo pedimos la cabeza del corrupto a gran escala, sobre todo si lo es con dinero público. Yo pensaba que era usura, pero tu reflexión me ha hecho pensar que no, que simplemente es una continuación de la trampilla del ciudadano de a pie, pero con muchos más ceros detrás.
    Pues lo tenemos mal, porque eso creo que está arraigado en el adn que ni con Fairy….

    • Sí, yo creo que lo tenemos mal, es muy difícil de cambiar esa cultura, aunque quizá podríamos aprovechar los malos tiempos que vienen para mirar menos a los otros y mirarnos un poco nuestro ombligo. Sí es verdad que va a haber unos cuantos que tiempo para mirarse el ombligo van a tener pero bien, es lo que suelen aparejar las condenas… muuuucho tiempo libre.

  2. En materia de dinero público es muy notable la diferencia de conciencia entre ciudadanos de diferentes países. Aquí, si alguien roba no lo cuenta por ahí, es un motivo de vergüenza y está socialmente condenado. Sin embargo si alguien defrauda (cobra el paro mientras trabaja en b, contrata sin solicitar factura para no pagar iva, u oculta ingresos en la declaración de la renta), lo vocea a los cuatro vientos, recibiendo la aprobación de quienes lo escuchan, como “qué tío más listo, has engañado a hacienda”, como si nadie entendiera muy bien que lo que hace es decir a la cara que nos está robando a todos y cada uno de nosotros. Y así nos va, como bien apunta Ana.
    En otro tipo de comportamientos, como consumidores, por ejemplo, creo que también hay una falta de ética notable, de la que ni siquiera somos conscientes, y si lo somos, nos escudamos en la costumbre y en el actuar como todo el mundo, según el sistema. Pero esa ya es otra historia. Igual planteo mis dudas el viernes.

    • Habrá que esperar al viernes. Y, en lo otro, probablemente yo ya estoy empezando a perder amigos, ya me he escuchado decir hace bien poquito a alguien que comentaba un comportamiento curioso de esos del otro lado de “la línea”… ¿y tú no crees que eres un poquito choriza?, con lo que yo creo he perdido bastantes puntos en popularidad… qué se le va a hacer.

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