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Standard & Poor, Moody`s, Fitch… son portadas de periódicos y noticiarios, se podría decir que están de moda, solo que no son marcas de ropa, son agencias de calificación. Y califican deuda.

Desde que esta superlativa crisis se apoderó de todo nuestro presente y cada telediario dedica casi la mitad de su espacio televisivo a hablar de ella nunca había oído tantos términos económicos juntos. Me esfuerzo, leo la prensa, escucho tertulias que hablan del tema, pero sigo sin entenderlos.

Mientras tanto estas empresas siguen haciendo su trabajo, y en la pantalla salen flechas hacía abajo y hacía arriba. Y  aquí es al revés que en el colegio, cuanta más nota te ponen, peor, eso significa que la deuda pública no vale nada, y eso es muy malo, solo hay que mirar el desolador panorama europeo. Ya casi nadie está seguro en la Eurozona.

Lunes hablaba de fraude, de la delgada línea que separa el bien del mal, línea que movemos a nuestro antojo según juzguemos nuestros propios actos o los de los demás, y aquí si podría aplicarse eso de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.

El caso es que las pajas en el ojo ajeno se han convertido en vigas, y mientras desde el gobierno central, el europeo, los Merkozy, el FMI, el Banco Central, Mundial, y hasta el club Bildelberg si nos ponemos, nos están pidiendo que aceptemos medidas drásticas anti crisis que en su mayoría recortan prestaciones sociales (con todos los dramas personales y familiares que ello conlleva), contemplamos a veces estupefactos (la indignación viene después) como algunos políticos o empresarios utilizan sus puestos para aumentar su ya opulenta fortuna personal.

Porque para cualquier ciudadano de a pie, joven mileurista, parado de larga o corta duración, o persona con la ética en vigor simplemente, es escandaloso que una persona que puede cobrar sueldos astronómicos no le baste con ello, que quiera más y que se costee lujosos caprichos a costa de una empresa pública, que algunos cargos políticos cobren dietas y kilometraje aunque no hagan uso de ellos, o acumulen varios sueldos… la lista y los nombres es tan larga que da mucha vergüenza ajena.

Lunes decía que este nivel de corrupción es como la nuestra de andar por casa, la de pagar una reparación sin IVA para ahorrarnos unos euros pero a la escala de esos puestos, de sus presupuestos, de su poder. Y eso me da mucho miedo porque quiere decir que no es algo con lo que podamos acabar, que hay muchas personas que si se vieran en esa situación también lo harían. Tonto el último.

Quizás necesitaríamos una asignatura más en la escuela. Ética económica o algo así. De paso esos futuros contribuyentes no rellenarían tan a regañadientes la declaración de la renta y estarían contentos de contribuir al mantenimiento del país.

Pura utopía vamos.

 

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4 pensamientos en “Notas

  1. Yo a la clase de ética la quitaría el apellido, no creo vaya separada la ética económica de la ética en general. Y la asignatura de ética ya existe en nuestro sistema educativo, y también educación para la ciudadanía, que entre esas dos no tendría por qué hacer falta nada más, si de verdad educaran para la ciudadanía y la ética.

  2. Me temo que una asignatura en el cole no es suficiente, hay cosas que no basta con estudiar, hay que vivirlas para interiorizarlas. Lo que llaman ahora aprendizaje significativo. Vamos, por ponerte un ejemplo, de física y química, y mira que tuve tres o cuatro años esas asignaturas, apenas recuerdo los diminutivos de la tabla de minerales, y creo que gracias a los crucigramas… pues eso.

  3. A mí también me han ayudado mucho los crucigramas… 🙂 Que pena que no sirvan en el tema de la ética.
    Si la pena es que la teoría nos la sabemos todos y que somos demasiado permisivos con nosotros mismos, no solo en esta cuestión, si pensamos la cantidad de “irregularidades” y “pecadillos” que no tenemos como tal cuando los cometemos nosotros y nos parecen totalmente imperdonables cuando el autor es otra persona.

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