Home

Fue como en la típica peli de miedo. Esas en las que gracias a un truco de guión el protagonista descubre horrorizado que el asesino que lleva haciendo de su vida una pesadilla de muerte y destrucción, es él mismo. Fue así cuando caí en la cuenta de que cuando en los medios hablan de los mercados como el gran ser maligno causante de la crisis, también estaban hablando de mí. Y, siento ser portadora de malas noticias, pero nunca he sido defensora de la condescendencia, y cuanto más directa mejor, de modo que lamento comunicarte que de ti, lector, también hablan. Los mercados somos todos.

Para que este sistema del máximo beneficio se mantenga en pie, hace falta la colaboración de cada ciudadano. Y colaboramos. Todos los días, casi con cada uno de nuestros actos de consumo. Es un engranaje perfecto.

Voy a intentar no ser coñazo con una disección pormenorizada del sistema económico actual, porque entiendo que quien quiere un análisis extenso con rigor científico, se leerá el paper de algún economista brillante.

Lo que voy a hacer es exponer un caso muy sencillito, para dar un poco que pensar. Y para que cada uno piense en otros muchos, porque probablemente, si nos cuestionáramos nuestros hábitos diarios de consumo, nos asaltarían dudas éticas en cada compra. Que lo mismo por eso miramos para otro lado, porque mirar según qué cosas es incómodo.

El caso es este (escogido por su cotidianeidad y porque atañe a casi todos): ¿por qué las grandes superficies -muchas de las cuales son multinacionales que cotizan en bolsa- han desbancado al pequeño comercio?

a) porque comprar en ellos es más barato.

b) porque comprar en ellos es más cómodo: tienen todos los productos en un mismo sitio, son espaciosos y está todo muy bonito colocado, tienen una enorme variedad, abren prácticamente todos los días del año doce horas ininterrumpidas, pueden llevar la compra  a casa,.. las ventajas son infinitas.

Y yo me pregunto, ¿cómo es posible que una gran superficie con tantos metros cuadrados, tantos empleados, tantas oficinas centrales en los corazones financieros de las ciudades, tantos jefes de producto, de marketing, de logística, de compras, de ventas, tantos jefes de jefes, vicepresidentes y presidentes, con sueldos más que dignos, incentivos, comisiones, bonus, etc… cómo empresas con semejantes costes, son capaces de ofrecer los productos más baratos que un señor que tiene un puesto de pescado en el mercado, que sólo paga su pequeño espacio, su sueldo y quizás el de algún ayudante, y aún tirando precios, obtener unos márgenes de beneficio cuantiosos (Carrefour, por ejemplo, presentó una cifra de beneficios de 82 millones de euros en el primer semestre del pasado año a pesar de la crisis, y El Cortes Inglés de 319 millones de euros para ese mismo año).

Y sí, acudirán a hablarme de las economías de escala, que están muy bien. Pero también es cierto, que una empresa con semejante envergadura, tiene también una posición de poder a la hora de negociar con sus proveedores. Claro, una empresa de estas características puede ir a un agricultor y decirle “oye, te voy a comprar toda tu cosecha, del tirón, pero no te voy a pagar más que x”. A cambio se la compra entera, y puede que hasta se comprometa a comprar en el futuro, con lo cual el agricultor puede llegar a consentir un precio que considera injusto y por debajo del de coste incluso, a cambio de la tranquilidad que le supone venderlo todo. Pero lo que es mejor, si esta gran multinacional no consigue doblegar al agricultor, tiene infraestructura para irse a algún país donde las condiciones de vida sean más duras, y por lo tanto la dignidad se venda más barata, y consigan ajustar todavía más el precio. Tanto, que compensará incluso el transporte. Así, el consumidor tiene productos a precios imbatibles, y la empresa unos márgenes de lo más competitivos, que además le permitirán seguir creciendo, aumentar su presencia en más países, acaparar el mercado quitando de en medio al pequeño comercio, cotizando en bolsa, y aumentando su poder de negociación no sólo con los productores y proveedores, sino en los mercados, y posiblemente en los gobiernos y en las políticas de los países donde son fuertes. Por que cuanto más grandes más poderosos. ¿Quién contribuye a hacerles grandes? ¿Gracias a quién funciona su fórmula? Gracias a mí que compro allí, porque es más cómodo y más barato, gracias a ti, gracias a la gran mayoría.

Y digo yo, ¿esa comodidad y ese ahorro que nos supone a nosotros consumidores, nos hemos preguntado a costa de qué?

¿Nos preguntamos alguna vez las consecuencias que tienen nuestros hábitos de consumo, a costa de qué vivimos de la forma que vivimos?

¿Con otra conciencia, o ampliando un poco la que tenemos, podrían cambiar nuestros hábitos de consumo? ¿Hábitos de consumo más éticos crearían modelos de negocio más éticos? ¿Una demanda ética obligaría a una oferta ética?

Lo sé, saberse monstruo, o saberse mercado -que viene a ser lo mismo- es duro.  Pero si algo bueno tiene el saberse parte responsable de algo que va mal, es que significa que también  está en nuestra mano el poder arreglarlo. Aunque no sea fácil.

Anuncios

2 pensamientos en “Ese monstruo llamado “mercado”, soy yo.

  1. Estoy leyendo un libro muy interesante sobre el consumo (los malos hábitos del consumo) y apunta reflexiones tan buenas como la que tu aportas. Hay infinidad de pequeños gestos que podemos hacer a nivel individual como ciudadano y consumidor que pueden llegar a cambiar las cosas, al igual que hay un montón de actos que realizamos por costumbre y que ayudan a perpetuar y agrandar digamos que las “injusticias” del mercado.
    Creo que sí, que una demanda ética obligaría a una oferta más ética. A veces la comodidad o el desconocimiento son grandes aliados del sistema.

  2. El monstruo nos conoce bien, nos da lo que queremos, compra más fácil y más barata. El pequeño comercio sólo puede competir en lo que llaman la “atención individual” pero ¿quién quiere atención individual para comprar unas patatas? O cervezas, o, si me apuras, ropa, libros y hasta productos financieros. Estamos muy cerca ya de que ni tan siquiera las grandes superficies sean los sitios mayoritarios de compra, internet ya nos permite tener en casa en poquito tiempo todo lo que queramos, sin necesidad de movernos del sitio. Y vamos a más. Y desaparecerá el pequeño comercio, y el grande. Y nacerán nuevas profesiones. El mundo se nos pondrá un poco patas arriba, hasta que nos adaptemos… o hasta la siguiente revolución.

Los comentarios están cerrados.