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Así se llama un libro de Eduardo Galeano editado en 1998, “Patas arriba. La escuela del mundo al revés”, ya hace trece años denunciaba todo tipo de abusos, incongruencias e insensateces del mundo en forma de curso, con capítulos como: curso básico de injusticia, curso básico de racismo y de machismo, cátedra del miedo, clases magistrales de impunidad o pedagogía de la soledad, con una sección especial para unas lecciones sobre la sociedad de consumo.

Se refiere al mundo de hace trece años, pero es perfectamente aplicable al mundo de ahora, así que da poco pie al optimismo porque, si nada se ha movido en este tiempo, no parece que podamos hacer nada para cambiar el mundo, ni siquiera un poquito. Si en trece años el mundo ha seguido avanzando hacia la intolerancia, la impunidad, la injusticia y el miedo… ¿qué vamos a conseguir cada uno por nuestro lado? ¿de verdad se consigue algo comprando en tiendas de comercio justo? ¿de verdad se consigue algo protestando? ¿incluso, votando?.

No lo sé. Me gustaría dar un mensaje optimista, pero la realidad es que no lo sé. Por lo que está pasando en los últimos años no parece que ni siquiera el voto sirva de nada en un mundo en el que las decisiones que nos afectan se toman cada vez más lejos de nosotros.

Aunque la verdad, si las crisis mundiales son como las crisis personales, es probable que la única forma de poder hacer borrón y cuenta nueva sea pasar por un desastre total del sistema, para, a partir de ahí,reiniciarlo. Y, si eso es cierto, al final sí voy a poder dar un mensaje optimista, porque sí creo que este sistema está a punto de petar, por lo que vamos a tener una ocasión única para poner al mundo otra vez patas arriba… o patas abajo, que ya no sé ni dónde tiene las patas el mundo.

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2 pensamientos en “Patas arriba

  1. Yo hay dias que creo que es imposible cambiar la situación, que hay demasiados y poderosos intereses, otros días estoy firmemente convencida de que muchos pequeños e individuales esfuerzos pueden cambiar el mundo, y los menos… que esto no puede durar mucho.
    No creo que podamos disfrutar del cambio en un plazo breve de tiempo, pero espero que podamos disfrutarlo, y que nuestros hijos serán testigos de ello.

  2. Lo bueno de que este sistema tan injusto sea insostenible, es precisamente que su insostenibilidad asegura su final. No sé si evolucionará hacia algo más humano y sostenible solo, si habrá que esperar a que pete, si yo veré o no esa evolución o esa revolución, ni si cuando llegue el momento en que pete será o no tarde. En general soy una optimista irremediable. Y creo que, si bien queda mucho, cada vez hay más personas con una conciencia que hace trece años no existía salvo en tres ecologistas trasnochados que la gente miraba raro. Pero aunque el generar conciencia no sea algo inmediato, tampoco es tan lento como parece. Cada vez hay más voces que piden un cambio en el sistema -a mí cuando alguien me tacha de antisistema me hace sentir halagada-. Quizá lo que a las voces nos falta es fe en nosotros, y aún esperamos a que todo nos venga dado desde un buen gobierno. Las acciones individuales no son individuales. Todo tiene que ver con todo. Y pequeños gestos muchas veces impactan más de lo que pensamos. DE todos modos, pequeños gestos es lo único con lo que puedo, el día que puedo. Pero últimamente veo actitudes que me han sorprendido y que hace trece años creería de ciencia ficción. No es la mayoría, no. Pero sí es cierto que las he visto en entornos cercanos y de primera mano, cuando antes sólo se citaban como rarezas en documentales. Un mundo mejor es posible porque es necesario.

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