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Decía Patricia el viernes lo “chulo y bien traído” que era el nombre de “minijob”. Y eso me ha hecho pensar en la importancia que un nombre tiene.

Hay nombres que suenan bien y nombres que, a pesar de su significado, suenan mal. Cuando elegimos nombres para hijos, animales, cosas o plantas, descartamos aquellos que nos recuerdan a gente antipática, o que nos sugieren algo desagradable o molesto. Elegimos por el significado, pero también por el sonido, por el sonido exterior y el interior, por la sonoridad musical y por lo que nos produce oírlo, por lo que significa en nuestros recuerdos o en nuestras emociones.

Cada vez que un proyecto, vital o profesional, va a ser creado la primera discusión es qué nombre se le va a poner, cómo se le va a llamar.

Y en eso andará Rajoy ahora, pensando qué nombre va a poner a sus ministerios… ¿habrá de seguir llamándose Ministerio de Trabajo ese que va a gestionar un número cada vez mayor de parados? ¿Habrá un Ministerio dedicado a algún buen propósito (fraternidad, solidaridad, democracia, no violencia…) como hubo uno destinado a la Igualdad? ¿Harán Ministerio de Propaganda y Publicidad? Porque si quieren que los españoles entendamos y estemos de acuerdo con las “medidas” de recorte próximas ya pueden dedicar esfuerzo a explicárnoslo. ¿Sobrevivirá el Ministerio de Cultura? ¿Ministrarán la gestión de la desesperación? ¿Y la de la paciencia, el afán emprendedor o la honestidad?

Si cada uno gestionáramos nuestra vida en ministerios… ¿qué ministerios habría?. En mi casa el de Educación sería muy importante, pero habría que denominarlo De Educación y Deberes. Habría un Ministerio de Finanzas, uno de Gestión Cultural, habría un Ministerio de Alimentación, uno de Sanidad e Higiene Personal, quizá también habría uno de Inversiones y Fomento de la Supervivencia de Nuestros Bienes Privados, que gestionaría los préstamos de libros, discos, disfraces y juguetes, habría uno de Relaciones con Nuestros Semejantes (en edad, condición o cualquier tipo de afinidad personal) y, sin duda, habría un Ministerio con funciones transversales que se llamaría Ministerio de Alegría, para intentar añadirla, no sólo en estas fechas, a la gestión de nuestras finanzas, nuestros bienes, nuestras actividades culturales y nuestras amistades y afectos en general, y la responsabilidad del cargo sería rotatoria para que a ninguno se nos olvide, en estas fechas o en otras, que la alegría casi siempre procede de la opción personal de decidir hacerle un hueco y trabajar por ello, aunque no siempre sea fácil.

Ministerio de Alegría, quizá el más atractivo para los ministrables vagos, engañados por lo que el nombre sugiere, pero sin duda el de mayor carga de trabajo y responsabilidad. Ese sería el encargado de celebrar las fiestas próximas, de celebrarlas de verdad, sin malas caras. Por eso, entre otras cosas, digo que sería el de más difícil desempeño. Menos mal que, si de algo estoy segura sobre el próximo gobierno de Rajoy, es de que Ministerio de Alegría no va a haber, así que ya pueden los ministrables dormir tranquilos que seguro les toca otro de nombre más feo.

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3 pensamientos en “El nombre de las cosas

  1. Sólo con leer el título intuí la forma que habías escogido para salir del atolladero y me dije, qué genia! Y al terminar, después de haberlo leído todo (y descubrir las sorpresas, y la alegría en forma de ministerio, que ojalá no se mantenga sólo a turnos, y que haya plenos el mayor número de días posible) me reafirmé en mi intuición inicial. Qué genia!

  2. Coincido con Pat, es genial! Me encanta lo del Ministerio de Educación y Deberes (tan unidos ellos) y sobre todo el de Inversiones y Fomento para la supervivencia de Nuestros Bienes Privados, 😉
    Lo que no se es por donde saldré, 😀

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