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El poder unificador del odio.

“Se oyó un espantoso chirrido, como de una monstruosa máquina sin engrasar, ruido que procedía de la gran telepantalla situada al fondo de la habitación. Era un ruido que le hacía rechinar a uno los dientes y que ponía los pelos de punta. Había empezado el Odio.

(…)

Lo horrible de los Dos Minutos de Odio no era el que cada uno tuviera que desempeñar allí un papel sino, al contrario, que era absolutamente imposible evitar la participación porque era uno arrastrado irremisiblemente.”

La primera vez que leí la novela de George Orwell “1984” creo que iba al instituto, y me fascinó. Su advertencia sobre los terribles peligros de una sociedad controlada por un régimen totalitario, represor y completamente manipulador me pareció de una clarividencia aterradora, no tanto porque tuviera miedo de que un cambio político nos fuera a llevar a un estado dictatorial, sino porque me pareció que era tan fácil manipularnos con estímulos y falsas promesas como a la “prole” de Orwell.

Aquellos dos minutos de odio se me quedaron grabados en la mente. No los consideraba gritos de desahogo, gritos liberadores de la tensión que dejaban el cuerpo cansado y la mente limpia, sino todo lo contrario, eran gritos que alienaban, una especie de hostilidad colectiva que unía a los individuos como grupo, que les impedía pensar, analizar porque odiaban y a quien odiaban.

No quiero ser pesimista y se que hay una gran diferencia entre el contexto socio político de la novela y el presente, pero si quitamos ese agobiante decorado estalinista y analizamos nuestro entorno político-económico y la información/desinformación que nos ofrecen los medios oficiales encontraremos una manipulación parecida a la que Orwell denuncia en su obra.

Se vende miedo que se transforma en odio. Se crean enemigos a base de fabricar victimas, hay naciones en las que la unidad patriótica del pueblo se sustenta sobre la hostilidad contra quienes les han hecho creer que son sus adversarios. Como decía Ana, tener un enemigo común une mucho.

Hace un par de días leía un artículo sobre Noam Chomsky  y su lista de las 10 estrategias de manipulación a través de los medios, y aunque parezca un decálogo conspiranoico me pareció que se parecía demasiado a la realidad lo cual no me resultó nada tranquilizador.

Según Chomsky la estrategia de la distracción consiste en mantener al público ocupado mediante un chorreo de continuas distracciones e informaciones insignificantes para desviar su atención de los problemas importantes. La estrategia de la gradualidad es todavía peor, se trata de aplicar medidas que de golpe serían inaceptables pero que impuestas poco a poco en años consecutivos se aceptan como medidas económicas necesarias (privatizaciones, flexibilidad/precariedad laboral, infrasalarios…). Como último extremo se pueden crear situaciones para que sea el público quien demande dichas medidas (una crisis financiera para que se acepte el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos, o favorecer leyes de seguridad en perjuicio de las libertades individuales al magnificar ciertos actos de violencia). Sobre mantener al público en la ignorancia y estimular la complacencia con la mediocridad solo hay que ver las audiencias de determinados programas televisivos donde reina lo estúpido y lo vulgar.

Y si no siempre queda el fútbol…

 

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4 pensamientos en “El Odio

    • Gracias Pat, espero que el libro te guste tanto como a mí. Yo quiero releer Un mundo feliz de Huxley, también lo leí por aquella época y me causó una desasosegante sensación de futuro posible.
      La novela de Orwell no tiene desperdicio y da para un mes monotemático… Bs.

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