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Ana habla muy acertadamente de que a veces conocemos virtualmente a alguien y cuando lo conocemos “en realidad” cambiamos nuestra percepción de esa persona. Creemos que conocer físicamente a alguien nos da más datos para entenderlo mejor, deben ser reminiscencias de aquel famoso “ver para creer” de Santo Tomás (que ya es curioso que esta frase la dijera un apóstol).

Si bien es cierto que la cercanía física nos da más información sobre la personalidad de la persona que tenemos enfrente y podemos interpretar mejor sus palabras a través de sus tonos o de sus gestos, no siempre dejamos que nuestros verdaderos pensamientos o sentimientos trasciendan lo suficiente como para que nuestro interlocutor nos comprenda lo suficiente, con lo que esta supuesta ventaja desaparece como por encanto.

¿Cuantas veces nos sorprenden actitudes o respuestas de amigos o incluso familiares por no entrar dentro del carácter que nosotros les hemos asignado? Como bien dice Ana, nos comportamos de manera distinta dependiendo del entorno donde nos encontramos, así que a veces no podemos evitar utilizar la consabida frase de: “el no haría eso nunca”.

Mi hijo conoció a su mejor amigo en el colegio, cuando tenía 3 años, ahora con 14 siguen siendo buenos amigos, durante todos estos años su madre y yo también nos hicimos amigas y compartimos el progreso de la amistad de nuestros hijos. Últimamente no puedo evitar observar como se disocia cada vez más la imagen que mi amiga tiene de su propio hijo con la que yo observo desde fuera, y sobre todo, con los datos que mi hijo me transmite. Por supuesto, y dado que las diferencias suelen ser pequeñas mentirijillas sobre tareas, clases o compromisos familiares o extraescolares, no saco del error a mi amiga, si algo me ha enseñado mi experiencia es que es mejor no meterse en los asuntos de los hijos de los demás, a menos que la gravedad del asunto lo requiera, que no es el caso.

Mis padres conocen mi faceta de hija amantísima (a veces), mi hermana gemela sabe como pienso antes incluso de que lo haga, pero mis otros dos hermanos no han llegado a conocerme en profundidad y se a ciencia cierta que alguno tiene una idea muy equivocada de mi, pero quizás igual que la que tengo yo de ellos, así que reconozco que tengo amigos de reciente adquisición que me conocen mucho mejor que la familia de toda la vida, por lo demás, todos tenemos un número incontable de conocidos que aseguran conocerte pero que no conseguirían acertar si tuvieran que hacerme un regalo personal.

Y mira que conmigo es fácil, solo hay que asomarse un poco y leer.

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2 pensamientos en “En realidad

  1. Es verdad que creo que no conocemos del todo a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, pero también es cierto que hay quien lo pone más fácil cuando es abierto y comunicativo en todos los entornos en los que participa. Y también creo que los que escribimos tanto, y tanto de nuestra propia vida, lo ponemos muy fácil, incluso demasiado. Ahora que en tu caso yo espero que esa amiga tuya, madre del amigo de tu hijo, no te lea. Porque le vas a dar el día… 🙂

    • Jejeje, pues no me lee, hay mucha gente cercana a mi que sabe que tengo un blog pero que no tienen ningún interés en leerme, ya sabes la recurrida falta de tiempo, hasta mis hermanos no me leen (los que me conocen poco claro), eso por otra parte me da mucha más libertad a la hora de escribir. No tengo que tener miedo de herir sensibilidades 😉

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