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A veces me maravillan los mecanismos de nuestra memoria, que generalmente tienen que ver con el interés.

Una amiga a la que quiero mucho me sorprendió un día con una práctica que me pareció cuanto menos curiosa:  anotaba en una libreta las cosas malas que le habían ocurrido con su pareja, aspectos negativos de él, situaciones o reacciones que le habían dolido, etc… Me explicó que hacía eso porque tendía a olvidarlo, y a ver y recordar sólo lo que a ella le interesaba: lo bonito, de forma que terminaba idealizando a la pareja. Y después, el choque con la realidad en todas sus dimensiones era brutal. De modo que de vez en cuando leía en su libreta la lista de pegas, y así se sujetaba a la realidad en su doble faceta. Claro que, si acudía a la libreta cada vez que tenía que hacer un nuevo apunte, es decir, en un mal momento, y se leía la cola de apuntes anteriores… quizá la realidad en ese momento sólo fuera negra. Supongo que ella tiene una cabeza que quiere ver una realidad blanca, y una libreta con una lista que la convierte en negra. ¿Entre las dos quizá se compensan?

La memoria es un recurso importante, porque nos ayuda a interpretar la realidad. ¿Quién no ha tenido un profesor de Historia que no le justificara la importancia de su asignatura con el consabido “no se puede entender el presente sin conocer el pasado”? El pasado nos da perspectiva, nos da muchas pistas acerca del por qué hoy somos como somos y estamos como estamos, y, siendo optimistas, nos da la oportunidad de aprender tanto de los logros, para insistir en ellos, como de los errores, para rectificarlos cuando es posible o para no volver a cometerlos -si es que pudiéramos evitar aquello de tropezar una y otra vez con la misma piedra-

El problema de la memoria es que no es del todo fiable, porque la manejamos nosotros. Nosotros decidimos muchas veces qué recordamos o qué olvidamos (consciente o incosncientemente), porque siempre tenemos alguna motivación o interés que nos impulsa a seleccionar unos recuerdos en detrimento de otros. Y como nuestros intereses nos incitan a seleccionar, he observado que predominan dos tendencias a la hora de ir construyendo nuestros recuerdos a largo plazo, o memoria histórica, y de que ambas tendencias pecan de maniqueas. O recordamos sólo lo bueno, idealizando, o recordamos sólo lo malo, demonizando. Los resultados de ambas son injustos, y además generan sufrimiento.

Pero también he observado una tercera tendencia en cuanto a los recuerdos. El de eliminarlos todos y no guardarnos nada.  Alguna vez  esa eliminación total es de forma inconsciente, gracias a algún tipo de mecanismo de defensa que elimina traumas terribles que podrían llegar a impedir continuar con la vida. Ojalá yo dispusiera de ese mecanismo y lo supiera, y oye, si algún día me sucede algo terrible, de lo terrible de verdad, de esas cosas que impedirían que continuara con la vida, al menos con la vida tal y como la conocía, mi mecanismo acabaría con ese recuerdo, y yo podría seguir siendo feliz. Como podría ser por ejemplo que un terrorista matara a un hijo mío, o sufrir torturas y violaciones por motivos políticos, o presenciar en mi más tierna infancia los cuerpos de mis padres lanzados junto con otros en una fosa común, no sin antes haber estado presente durante su ejecución. Cosillas de esas traumáticas. Pues nada oye, que teniendo ese mecanismo natural, no habría más que pulsar el botón de olvido total, y a seguir con la felicidad, que la vida son dos días.

Sin embargo ese tipo de eliminación inconsciente funciona pocas veces, y toca arrastrar esos traumas, y vivir una vida que no es vida. Así que cuando hablamos de eliminación total suele ser consciente y así, suprimimos la memoria histórica para quedarnos sólo con los sucesos recientes. Y al interpretarlos perdemos perspectiva. Muchas veces nos la cargamos ante sucesos recientes que podrían llegar a considerarse cagadas, o que, según nuestros intereses queremos interpretar como cagadas, pero sin hacer uso de la memoria para esa interpretación.

Y a lo quería llegar con todo esto, es que me maravilla hasta qué punto importa poco todo lo bueno que haya podido hacer una persona a lo largo de su vida, que como la cague una vez, una sola vez, aunque sea parcialmente, aunque sea una cagada discutible si es que convertirlo en cagada interesara de verdad, todo lo bueno quedará en el olvido.  Nos puede pasar a todos. Nadie está a salvo. Ni una madre que haya dedicado gran parte de su vida y esfuerzos a sus hijos, ni un empleado que ha desempeñado con diligencia y rigor su trabajo toda su vida, ni un amigo que ha compartido un millón de aventuras y ha puesto un millón de veces su hombro, ni un deportista que ha hecho vibrar durante unas cuantas temporadas, ni un juez que ha tenido el coraje de enfrentarse con narcotraficantes, terroristas, crímenes dictatoriales sin importar las fronteras, crímenes de guerra…..

Así que creo que mi amiga era muy sabia con el tema de la libreta. Aunque yo lo apuntaría todo, lo bueno y lo malo, -por si acaso- y así interpretar con perspectiva. Los mecanismos de nuestra memoria histórica, definitivamente, no son de fiar.

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Un pensamiento en “Doble o nada

  1. Tienes razón, no se perdona un error compensandolo con la trayectoria anterior. Tenemos casos de sobra en la prensa de actualidad de los últimos días, y todos tenemos casos en nuestra propia memoria. Aquel amigo que no te perdonó una traición tras veinte años de amistad absoluta y desinteresada, aquel cliente que no perdona un error tras muchos años gestionandole… con lo que cuesta ganar la confianza de alguien y lo poco que cuesta perderla…
    No se porque somos así de intransigentes a veces, o quizás es que igual que tu amiga se lo apunta en una libreta, nosotros lo apuntamos en el subsconciente, y de pronto hay algo que saca todos esos momentos negativos que habíamos olvidado y creíamos que no existían, y hay un error, el crítico, que hace que no perdonemos, nada.

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