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Escribía Patricia el viernes sobre el doble o nada, sobre la elección (consciente o inconsciente) que hacemos a veces en nuestras vidas, o sobre las vidas de otros, de ver el doble o la nada. Y, como llevábamos toda la semana hablando de lo doble, estaba claro que tocaba empezar esta hablando de la nada.

Y a mí lo primero que se me ocurre sobre esa palabra aparentemente tan absoluta y poco dada a las interpretaciones, es justo eso, que no es así, la nada es, al final, y como al parecer es todo en nuestra vida, algo muy relativo.

Sin nada dice Arantxa Sánchez-Vicario que le han dejado sus padres, nada, dicen los padres, puede doler más que la acusación de un hijo. “No pasa nada” decimos a nuestros hijos siempre que pasa “algo” pero no queremos que se preocupen. Usamos la palabra a diestro y siniestro y graduamos la nada a nuestro antojo, sin valorar la fortuna que supone poder graduar esa nada.

Porque el “nada” que le han dejado sus padres a Arantxa significaría ser rico para la mayoría de la población española, el nada de los padres (más absoluto para mí sin duda) no sería cierto si lo confrontas, por ejemplo, con la muerte o una desgracia más grande para el hijo (¿no dolería más su muerte, irremediable, que su inquina que, aunque dolorosa, puede ser pasajera?).

Pero hay gente que, de verdad, nada tiene. O nada es.

Cuando ocurrió el terremoto de Haití, trágico ensañamiento de la naturaleza con quienes ya muy poco tenían, hubo varios casos de supervivientes tras numerosos días sepultados bajo escombros, y yo pensé que ese aguantar vivo tanto tiempo sepultado tenía por fuerza que deberse al largo entrenamiento que la mayoría de la población llevaba, sobreviviendo con apenas nada. Porque su “nada” de antes del terremoto era un nada más absoluto que cualquiera de los nuestros. Y, acostumbrado a sobrevivir con casi nada, varios cuerpos siguieron sobreviviendo ya sin alimento, sin líquido, y sin ni siquiera aire, dando al nada un significado cada vez más absoluto pero, por ventura, en algunos casos, reversible.

Es verdad que hay situaciones vitales que te hacen sentir una sensación de vacío, de no tener nada, de quedarte sin nada, de no esperar nada o de haber llegado a no ser nada para nadie, ni siquiera para ti mismo.

Pero de la sensación de nada  o de esos nadas que nos aplicamos de vez en cuando a la nada absoluta hay un trecho, un largo trecho casi siempre.

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4 pensamientos en “Nada

  1. La nada absoluta es un estado de ánimo, una percepción subjetiva. Objetivamente, habiendo vida, la nada absoluta es casi imposible de encontrar, diría yo. Por suerte.

  2. Algunos no tienen nada, otros que lo tienen todo creen que les falta algo… nada es una palabra que da mucho juego, sino fijate que cuando se pregunta: “¿Que te pasa?” y la contestación es “nada” suele ser el inicio de una tormenta en la que precisamente lo que brilla por la ausencia es la nada.

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