Home

Habla Ana de la “nada” en la que se ha quedado la pobre Arantxa en contraposición con la verdadera nada, la ausencia de cualquier cosa, que es con lo que muchas personas conviven cada día, y no puedo evitar pensar que en nuestra cultura, la del materialismo y el consumismo, estamos obsesionados con la posesión, que necesitamos ser dueños de aquello que nos rodea. La vivienda es la propiedad más importante, la primaria, la que más nos preocupa, supongo que heredada de aquella necesidad que tenían nuestros antepasados primitivos de cobijarse para resguardarse de depredadores e inclemencias meteorológicas, solo que ahora no nos conformamos con menos de tres habitaciones y un par de cuartos de baño. Luego están las demás: coche, televisor de pantalla plana, móvil última tecnología, bolso de marca, segunda vivienda… todo dependerá del poder adquisitivo de cada uno y sus preferencias personales. Hay a quien hasta le gusta poseer personas, ya sea profesional o personalmente.

Hasta hace poco no creo que la gente se planteara que había algo peor que no poseer y que es “deber”. Estábamos acostumbrados a deudas pequeñas, unas letras para pagar el coche, una lavadora a plazos, pequeñas financiaciones sin más papeleos que la copia de una nómina como mucho, deudas llevaderas con un pequeño sacrificio a final de mes. Pero las deudas de ahora tienen muchos más ceros, la crisis ha condenado a muchas personas no solo a dejar de poseer sino a quedarse en números rojos durante los próximos veinte años de su vida al tener que hacer frente al pago de gran parte del préstamo que solicitaron para comprar sus viviendas una vez desahuciados de ellas. No voy a entrar en si se concedieron enormes créditos demasiado alegremente y si se firmaron también demasiado rápido, sin leer la letra pequeña, era un momento de euforia económica en el que parecía primar “tonto el último”, pero la resaca que arrastramos es demasiado larga y dolorosa y parece que los bancos no nos van a regalar ni una aspirina.

Pero no iba mi reflexión por caminos crítico financieros, sino por otros más espirituales. Así que aunque me intenten vender que con tal o con cual cosa voy a ser más feliz, o a que huelen las nubes, cada vez estoy más convencida que el dicho “no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita” es una gran verdad, y que hay personas en este mundo que prácticamente solo tienen lo puesto, unas pocas herramientas y utensilios, y un techo que les cobija del sol y de la lluvia, que pueden permitirse el lujo de contemplar la puesta de sol todas las tardes sin mayor preocupación.

La pena es que yo sea tan de ciudad.

Anuncios

Un pensamiento en “Menos que cero

  1. Pues habrá que aprovechar la crisis para reconvertirse, y empezar a necesitar menos cosas. Lo ideal sería poder coger delantera y dejar de necesitarlas antes de que nos las quiten, pero no estoy segura de que podamos ser tan previsores.

Los comentarios están cerrados.