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Habla Ana del despilfarro incontrolado como origen de la actual falta de recursos en el sector público y tiene razón. Tenemos esa mala costumbre de comportarnos con el dinero ajeno como si saliera de debajo de los árboles (que decía mi madre), como no nos cuesta ganarlo no nos cuesta gastarlo.

Para mí ese despilfarro va unido a nuestra ansia, casi siempre insatisfecha, de gastar, de poseer, de mostrar, originada por factores culturales, socioeconómicos y hasta afectivos. Nuestra sociedad, la del mundo occidental, ha sido bautizada como sociedad de consumo, y a ellos nos dedicamos en cuerpo y alma.

Hay culturas en las que la palabra consumo no debe ni de existir, se utilizará el verbo comer, jugar, reparar, construir… pero no creo que ni siquiera entiendan el concepto de consumo tal y como lo entendemos nosotros, pero claro, estamos hablando de sociedades situadas en países “en vías de desarrollo” a los que ni siquiera se tiene en cuenta como ejemplo de organización social.

La publicidad, la falta de tiempo que nosotros mismos nos creamos, la cada vez más corta vida de algunos productos y su precio cada vez más reducido, la presión social, etc. nos hacen caer en la falsa sensación de que elegimos lo que tenemos y lo que deseamos tener. Estamos tan mediatizados que creemos que pedir un vaso de agua del grifo queda de pobres, así que para acompañar el café pedimos una botella de agua mineral cuyos supuestos beneficios no compensan ni su coste ni su generación de residuos debido al envase. Lo mismo pasa con los objetos de segunda mano, para que vamos a buscar algún objeto usado pudiendo comprar uno nuevo, para que vamos a reparar el electrodoméstico que se nos acaba de estropear si podemos reemplazarlo por otro mejor y de última tecnología.

Y por si el marketing no fuera suficiente ahora llega la presión política para salir de la crisis. Hay que fomentar el consumo, el dinero tiene que fluir, comprar y vender, es la única manera de volver a poner en marcha la maquinaria económica.

Al final acabamos atrapados en una de esas ruedas sin fin, como hamsters haciendo girar el carrusel, creyendo que teniendo un poco más encontraremos la felicidad.

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7 pensamientos en “Consumismo (o como ser un hamster)

  1. Buena reflexión, aunque tengo una duda. No creo que el “consumo” sea una característica del mundo occidental sino de la especie humana en general. No creo que los egipcios antiguos fueran menos consumistas que nosostros. Los mayas acabaron con su civilización a base de sobreexplotar el entorno. Los hombres de las cavernas eran nómadas porque arrasaban los recursos que tenían alrededor. El éxito de la especie humana se debe a su depredación, que le permite una gran capacidad de reproducción, que hace aumentar el número de individuos, etc.
    Por lo que yo sé, uno de los motivos para emigrar a los países occidentales es la necesidad de consumo que tienen en el tercer mundo y no conozco a gente más consumista que los inmigrantes (cuando pueden).

    • Yo creo que tiene una gran parte cultural, no creo que sea inherente al ser humano, porque sino no habría pueblos, tribus, individuos, sociedades, algunas culturas, llamalo como quieras que se conforman con cubrir las necesidades básicas sin necesidad de acaparar recursos debajo de la almohada. Los inmigrantes escapan de estados de necesidad, carestía y falta de motivación, así que cuando llegan a este “falso paraíso” supongo que pasan por una fase de “quererlo todo” como la que nosotros tenemos a lo largo de nuestra vida, pero de repente. 🙂

  2. Gracias por tu reflexión Karmen. En lo personal no creo que el consumo en sí mismo sea malo. Lo citas en tu post. Tener la libertad de elegir es bueno. Lo malo es cuando no nos damos cuenta de lo que hay detrás de nuestras elecciones. Lo malo es cuando no encontramos un equilibrio entre libertad, igualdad y solidaridad…para que unos puedan elegir y consumir otros tienen que perder su libertad, su salud o sus derechos (laborales por ejemplo). Exigimos la libertad y apertura de mercados, pero ni hablar de libertad de tránsito de personas claro…Tenemos miedo de que el “sistema” no nos aguante a todos, pero tenemos suerte porque nos aguanta a nosotros. No hemos resuelto aún esa ecuación: libertad, igualdad, solidaridad, supondría un enorme compromiso individual y colectivo…y no son buenos tiempos para la lírica

    Me gusta vuestro blog ¡

    • Gracias Carlos, me refería a eso, el consumismo atroz y sobre todo egoista, sin que nos importe que y a quien arrasamos para conseguirlo. Por eso creo que se hace indispensable pararse a respirar un poco y reflexionar si necesitamos todo lo que deseamos.
      un abrazo.

  3. Pues he entrado yo a ver si había algún comentario despues del mío y resulta que es que no hay mío. A saber qué hice con él…

    • Lo consumiste… ,-)
      En serio, ultimamente internet está muy raro, pongo comentarios en el face que desaparecen, y luego vuelven a aparecer dobles, para al final desaparecer del todo… debe ser lo de Sinde-Wert que lo ha vuelto del revés.

  4. Yo sí que creo que el consumismo desmedido es característico -o especialmente característico- de la cultura occidental. Y la cultura occidental se ha impuesto prácticamente por todo el mundo como modelo a seguir, como modelo de civilización.
    Nada, Karmen, ya sabes que comulgo 100% con lo que dices. A ver si a fuerza de repetirlo y repetírnoslo terminamos dándonos cuenta de que podemos vivir sin muchas de las cosas que tenemos y que no pasa nada, y terminamos consumiendo de una forma más racional, y más justa. DEsde luego nos haría sentir más libres.

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