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Se preguntaba Patricia el viernes, entre otras cosas, si no podría sentirse reconocida y valorada una persona de otra forma que no fuera acumulando dinero y bienes, o si la acumulación de bienes por parte de quienes se han esforzado es el premio justo a su esfuerzo.

Es difícil fijar cuál ha de ser el premio justo al esfuerzo, al trabajo, a la creatividad, a la inteligencia… cuando son cualidades de apreciación subjetiva tanto por quien las premia como por quién ha de ser premiado. Y, siendo difícil encontrar un premio igualmente satisfactorio para todos los premiados, el premio mejor sí habría de ser el dinero, utilizado como elemento cuyo valor estriba en su función de intercambio entre mercancías.

Porque el premio no es el dinero en sí, sino los bienes o servicios que uno puede adquirir con él: vivienda, alimento, educación, ocio, tiempo…

Pero parece que el dinero ha llegado a considerarse un bien en sí mismo y su acumulación o la ostentación de su posesión produce mayor satisfacción que la propiedad de cualquier otro bien.

En la columna que nos mostraba Patricia el viernes esa seguridad del segundo escalón bien puede estar basada en parte en la posesión de cierta cantidad de dinero que permita asegurarnos un futuro tranquilo, para nosotros, para nuestros hijos, o admitamos incluso que haya quien quiera asegurar el futuro de una tercera generación. Pero, una vez que has conseguido esa seguridad para ti, tus hijos y tus nietos… ¿qué más se puede conseguir?. Los siguientes escalones: necesidades sociales, estima, realización, no irían asociados a la posesión de dinero (o no deberían ir al menos) así que, una vez que ya está conseguido todo lo que el dinero puede pagar, los poseedores de más suelen contemplar tres opciones: atesorarlo, regalarlo o tirarlo. Y cada opción tiene sus adeptos.

  1. Atesorar. Ahí están las listas Forbes de los hombres más ricos del mundo.
  2. Regalar. Como Bill Gates que ha aprovechado su presencia en la lista Forbes y figura también como el mayor filántropo del mundo con su Fundación.
  3. Tirar. El mercado del lujo, ese que justifica el gasto desmedido en la adquisición de todo tipo de bienes.

 La elección de la opción está ligada al sistema de valores personal de cada individuo. Y, dado que la gestión de esos excedentes económicos es lo que puede hacer que el mundo se mueva o se quede definitivamente estancado, existe una cuarta opción: la reinversión. El permitir a los excedentes económicos que vuelvan al sistema para crear riqueza. No dinero, no, riqueza: bienes, servicios, y, sobre todo, oportunidades. Y esto valdría tanto para los excedentes individuales como para los beneficios empresariales.

 ¿Qué habría sido de nuestro sistema productivo actual si esos macrobeneficios de la burbuja inmobiliaria se hubieran invertido en crear más oportunidades: de negocio, de trabajo… de vida, en suma? ¿Estaríamos dónde estamos?

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5 pensamientos en “Del dinero, la riqueza y las oportunidades.

  1. Yo sin embargo tengo una objeción. Tengo mis dudas de que el premio a esos extras hayan de ser económicos. Una vez la contraprestación es suficiente para cubrir las necesidades fisiológicas -una casa digna, vestido, alimentación, educación y atención sanitaria- , estaría bien que el enriquecimiento fuera personal y no material. Que la satisfacción que produce una cierta cultura, una cierta habilidad, desarrollar un valor determinado, crecer y ser más grande, fuera un fin en sí mismo, y no un medio para conseguir un fin -material-. De ese modo, posiblemente nuestros esfuerzos se dirigirían más a explotar lo mejor de nosotros mismos y a disfrutar de ello. Seríamos más libres de ser capaces de apreciar estos “activos” en sí mismos, de apreciarnos a nosotros mismos y nuestra valía, y desarrollarla per sé, y dejáramos de medirla y de exigir que se midiese por los bienes “extra”, -no necesarios-, que nos permiten conseguir. Al menos podríamos intentarlo, auqnue sólo fuera por probar, y cambiar la finalidad de nuestros esfuerzos, no tanto conseguir cosas como disfrutar de las que tenemos -que son suficientes- del tiempo extra que supondría, y en el que podríamos aprovechar para compartir por el mero placer de compartir con quienes queremos, de todo aquello que nos hace mejores.

    • A mi me parece bien el dinero como medio de intercambio para adquirir lo que uno quiera, que no tiene por qué ser material. Lo que pasa es que el dinero ha dejado de verse como elemento de intercambio para pasar a ser un bien en sí mismo y eso es lo que a mi no me gusta. El dinero es un “vale de compra” y no todo lo que se adquiere tiene que ser bien material. Yo, si ahora mismo me tocara la lotería, compraría tiempo: tiempo libre, y eso no es material o económico pero, ahora, cuesta dinero.

  2. Eso sería lo ideal y lo utopicamente perfecto Patricia. Y a eso se llega mediante educación y mucho esfuerzo porque conseguir que el bombardeo publicitario no solo te resbale a ti sino a tus hijos es ardua tarea. Pero creo que se puede lograr, por supuesto. Ayer mismo fui a dar una vuelta con mis hijos, y entramos en una tienda de La Oca que estaba en liquidación por reformas, y mientras curioseaba y remiraba bonitos accesorios de cocina de ultimisimo diseño la voz de mi conciencia en forma de preadolescente de 1,70 me decía por detrás: mamá, tenemos de todo, para que vas a comprar eso? y claro, ante ese argumento tuve que dejar en la estantería el cuchillo cortaquesos que estaba sopesando. (Eso sí, a los videojuegos no lo aplica 🙂 )

    • Es lo bueno de tener la conciencia compartida, en los videojuegos seguro eres tú más sensible a la ausencia de necesidad 😉

      Sí que hay una gran corriente ahora enfocada a valorar las “pequeñas cosas” en vez de las grandes. A mi me parece una buena opción pero también pienso que aún queda el paso grande de reconocer, por fin, que “esas pequeñas cosas que nos hacen felices” (la tranquilidad, el amor de los nuestros, la alegría, la amistad, la pasión, es decir los sentimientos) son las grandes, las básicas, esas que, desde siempre, han movido el mundo y las que es seguro que habrán de seguirlo moviendo.

  3. Hola Ana, menuda la que tenéis montada acá. Ríete tú de los articulos de Paul Krugman en el País ¡¡

    Me gusta la idea que planteas sobre la “reinversión”, hay otras similares como la “desaceleración”.

    …pero chocan con la corriente principal en la que o creces o mueres…(los principios de toda empresa hoy en día son: aumento de su dimensión económica bien por el aumento de productividad o por diversificación o por especialización): no es que sean buenos o malos es que si no lo hacen desaparecen…en el fondo están en muchos casos utilizando la teorías de cooperación-o de juegos…en su versión egoísta entre unos pocos (hagámonos grandes pero no para tener un beneficio global sino local)

    Por otra parte, y como ya ha sido mencionar, creo que hay que distinguir y diferenciar “desarrollo y felicidad”. No son lo mismo. Uno puede estar desarrollado y no ser feliz y viceversa. El desarrollo tiene una dimensión colectivo/territorial (sociológica, económica, medioambiental) y felicidad una dimensión personal (psicológica)…aunque todos sabemos eso de que “el dinero no da la felicidad, pero cuánto cuesta ser feliz” 😉

    Qué casualidad, sin querer hacerme autopublicidad, te copio un fragmento de mi último post en mi blog de la Comunidad (sí lo mantengo):

    “Lo tenía casi todo y por eso no era feliz: porque no lo tenía todo. Buscaba en los rincones de su alma pero no lo encontraba. A ese todo me refiero.

    Porque lo tenía casi todo, no valoraba casi nada. Tenía el universo en sus manos pero sentía el vacío en su alma. Su corazón se volvía pequeñito y no podía describir nada de lo que en sus manos tenía.”

    Suerte y gracias

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