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Ana comenta en su enlace que los “ricos” se mueven entre tres opciones a la hora de manejar su dinero: atesorar, regalar y tirar. Y me gusta esta última interpretación que hace del gasto desmedido que algunos de ellos hacen en el mercado del lujo (es decir, el despilfarro de toda la vida), porque pagar según que cantidades de dinero por objetos cuya máxima diferencia es la marca que llevan grabada (la diferencia de calidades no justifica las exorbitantes diferencias de precio) siempre me ha parecido tirar el dinero.

Cuando hablan en los informativos de las grandes fortunas, determinados sueldos mensuales, magnas rentas etc., pienso que hay cantidades de dinero que es imposible gastarlas ni en cuatro vidas, aunque te esfuerces con yates y deportivos de lujo. Además si tienes un buen asesor, que es lo normal en esos casos, el dinero se va multiplicando como por arte de magia (o de intereses en paraísos fiscales) con lo que sigues siendo rico aunque no te tomes muchas molestias, por eso tampoco entiendo esa obsesión por los propios negocios con horarios exhaustivos que se llevan cualquier atisbo de vida personal y familiar (y con ello normalmente la felicidad como yo la entiendo) si ya tienes bastante para despilfarrar durante generaciones y poco tiempo para disfrutarlo.

Pincho en el enlace del mercado del lujo y me asombro ante la noticia de que hay unas 390.000 familias “prósperas de clase media” que ingresan más de 100.000 euros al año y que gastan en productos de lujo unos 10.000 euros anuales. Me hace gracia la definición de próspera clase media, desconozco cual es el siguiente grado por encima y cual es el límite mínimo en dinero que hay que sobrepasar para pertenecer a el.

Yo debo de pertenecer a ese amplio colectivo de “consumidor aspiracional” de lujo, que participa del derroche de forma esporádica y en mi caso sin querer (de todos modos mi afición por determinada marca con forma de fruta me la estoy tratando).

Y es que algunos serán muy ricos, pero eso de pagar por una marca un precio tres veces superior a lo que se pagaría por otro producto de la misma categoría  solo por su exclusividad, no es de muy listos. Sobre todo ahora, que hay tan buenas imitaciones.

Pero volviendo a la reflexión de Ana, su última pregunta me reafirma en lo dañino que es el sistema actual de prestigio social basado en la acumulación de riqueza o directamente su despilfarro ¿Qué habría sido de nuestro momento económico actual si los macro beneficios de la burbuja inmobiliaria se hubieran reinvertido en bienes, servicios y nuevas oportunidades de negocio?

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4 pensamientos en “El mercado del lujo

  1. Si algo deberíamos sacar en claro de esta crisis, si es posible que pueda servir de algo, es al menos la certeza de que es dañino el despilfarro, que, al final, se acaba pagando. Lo peor, encima, es que la mayor parte del pago no siempre va a los despilfarradores, el daño se reparte entre todos, entre los buenos gestores (aunque solo sea de su nómina) y los malos. Una suerte de equidad en el castigo cuando no la habido en la infracción… curiosa justicia.

    • Curiosa e injusta justicia, espero que todos, y me refiero también a los gestores, aprendan de la lección, que aunque manejen dinero ajeno, también tiene fin y hay que distribuirlo muy muy bien.
      Y si la crisis significa un cambio de valores en general, pues algo bueno habrá dado. 🙂

  2. Al otro extremo del pagar el triple por un mismo bien por su marca y la exclusividad está el pagar precios tan bajos por otros bienes que no es posible que cubran un coste de producción, al menos uno que implique condiciones de vida dignas. En el medio… ¿el precio justo?

    Qué espesa estoy hoy, aún no sé de qué hablar. Completamente bloqueada.

    • Si, tambien es verdad, que es igual de malo romper el mercado con precios tirados, obligando al productor a ajustar tanto los márgenes que al final no hay beneficio. Debería haber un baremo de mínimos y máximos, pero claro entonces no sería un libre mercado.
      Y no hago caso de tu última frase porque vengo de vuelta de tu post 😉

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