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Lo que llamamos normal no es más que lo frecuente, el asociar normal con bueno o anormal con malo es algo que ponemos nosotros. A veces lo “normal” es lo deseable, y está asociado a factores biológicos del ser humano (como ser joven y tener buena salud), otras veces lo “normal” es meramente una cuestión de convenciones sociales sin ningún tipo de trasfondo (como que lo normal sea -o fuera- elaborar un determinado rito o firmar un contrato a la hora de comenzar la vida en pareja)…. Pero yo creo que a lo que iba Carmen es  al eterno dilema de la contradictoria naturaleza del ser humano. Hay aspectos que nos hacen semejantes a los demás y otros que nos diferencian, y necesitamos tanto sentirnos parte de la especie, o de la comunidad, o de la sociedad, formar parte de algo, y potenciar esos aspectos comunes que nos hacen sentirnos menos solos, como remarcar aquello que nos diferencia y nos hace únicos. El ying y el yang, los contrarios en busca del equilibrio.

El sentirnos diferentes, y que esa diferencia nos haga sentir bien, ese ser buenos y grandes  en algo, pasa entre otras cosas por ser conscientes de nuestras propias cualidades. Cada cual tiene su don. Hay quien pinta bien, quien se maneja bien con las palabras, quien tiene habilidades organizativas, o culinarias, o mano con las plantas, o con los animales, o con las personas, o con las emociones, o  con las ecuaciones de segundo grado. Con lo que sea.  Pero el sabernos buenos en algo nos hace sentir bien. Aunque no seamos los únicos en el mundo que hagan bien una determinada cosa. Ni tan siquiera los mejores. Pero se nos da bien, e insistimos, y aprendemos a hacerlo aún mejor, crecemos, desarrollamos nuestros potenciales. Sí, definitivamente eso hace sentir bien.

Pero tampoco nos basta con sentirnos diferentes: necesitamos  sentirnos únicos y exclusivos. Ana proponía el lograrlo a través de los ojos de quienes nos quieren. Y estoy de acuerdo. Es necesario que nos sintamos buenos en algo. Para eso nos bastamos solos – no es lo que tengo, es lo que soy que decía el anuncio, no?- Es tan sólo una cuestión de esfuerzo y voluntad. Pero lo único que nos hace únicos en el mundo son los afectos.

Y me ha hecho recordar un pasaje del Principito, que dejo aquí para terminar:

– Domesticar es crear lazos.

– “¿Crear lazos?

– Seguro_ dijo el zorro. _Tú no eres para mí más que un niño parecido a cien mil niños y no te necesito. Yo no soy para ti más que uno más entre cien mil zorros. Ahora bien, si tú me domesticaras, nos necesitaríamos el uno al otro. Tú serías para mí el único en el mundo, como yo lo sería para ti…

– Empiezo a comprender_ dijo el principito_ hay una flor, y parece que me ha domesticado. “

 

 

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