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Con este sistema educativo actual los padres nos hemos convertido en profesores particulares de nuestros hijos en casa. Porque antes nos educaban nuestros padres, pero las enseñanzas académicas eran responsabilidad exclusiva de nuestros maestros en el cole. Ahora el trabajo se hace un poco a medias, los profesores se quejan de que les mandamos a los niños sin educar y nos quejamos los padres de que tenemos que trabajar mucho con ellos en casa. En resumen, los maestros han pasado a ser educadores (que parece incluso les gusta más el nombre) y los padres, tengamos la profesión que tengamos, somos también un poco maestros. Y así diversificamos funciones… y riesgos, porque podemos echar la culpa al cole si nuestros hijos son unos maleducados, y los profesores nos pueden echar la culpa a nosotros si nuestros hijos no aprenden a dividir o tienen muchas faltas de ortografía. Y nadie está contento, pero a cambio todo el mundo puede echar la culpa a otros, por lo que se consigue una tibia satisfacción que tranquiliza muchas conciencias.

Pero el de maestro no es el único trabajo que añadimos a nuestro quehacer habitual, porque, con el auge en los últimos años del autoservicio, resulta que, ya sin sorprendernos, somos empleados de gasolinera (ni recuerdo la última vez que un amable señor hizo los trabajos de repostaje, que seguro ni se dice así, de mi coche), fruteros (ahora hay que saber, por ejemplo, detectar melones sabrosos al tacto, o, lo que es peor, al olfato… ¿?), carpinteros (¿quién no tiene título Ikea de carpintero de estanterías, mesas y otros muebles diversos?), y otros oficios varios que desempeñamos a la par que el nuestro con una única diferencia: la ausencia de retribuciones.

Al final todos sabemos hacer mucho más de lo que dice nuestro currículum pero, si no hemos cobrado por ello, no cuenta como experiencia profesional.

Ahora que la crisis está obligando a millones de personas a reinventarse profesionalmente deberíamos encontrar un sistema por el que las referencias no fueran sólo los trabajos por los que se ha cobrado, sino aquéllos que se han realizado de forma eficiente, con o sin retribuciones. Y quizá incluso sería posible volver atrás a aquellos tiempos en los que todos trabajábamos un poquito menos en aquello de lo que no sabíamos y cada trabajo se desempeñaba por gente que sabía hacerlo y, lo que es mejor, cobraba por ello. Porque no están mal los trabajos sin remuneración pero, al final, son los otros los que nos dan de comer. Y esa sí es una función de autodesempeño,  nadie la puede hacer por nosotros.

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2 pensamientos en “Zapatero a tus zapatos

  1. Pues a mi tampoco me gusta nada eso de tener que ponerme la gasolna yo, si es que te descontaran algo en el precio, pero encima cada vez más cara, pero eso es otro tema…
    Si sería bueno que los trabajos los hicieran profesionales, y me refiero a esos que llevaban toda la vida haciendo y perfeccionando un mismo oficio, no como ahora que hay gremios en que muchos saben hacer un poco de todo, pero no son expertos en nada, y así se terminan los trabajos…
    Por cierto, que madrugadora… 😉 Bs.

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