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Se cabreaba Carmen el miércoles por la amnistía fiscal decidida por el gobierno. Hoy se anuncia un anticipo de nuevas medidas seguro cabreantes. Y así nos pasamos el día últimamente.

Vivimos en un mundo insostenible, ecológica y económicamente insostenible. Y parece se sabe desde hace mucho pero también parece que nadie hizo nada para evitar su caída. En estos días en los que se celebra el centenario del hundimiento del Titanic se reponen películas, se estrenan teleseries, se abren museos con objetos del barco y se vuelven a contar historias de entonces. De cuando el crucero zarpó de Southampton, de sus cuatro días de corta travesía y de su hundimiento. Tras escuchar los datos de los expertos (los posibles fallos de construcción, la escasa dotación de botes salvavidas, la velocidad inadecuada…) uno no puede por menos que pensar… se veía venir. Lo mismo que ocurre con nuestro sistema económico.

No creo que nuestro sistema económico sea un Titanic con riesgo de hundimiento no, al contrario, por las informaciones que recibo en los últimos meses tengo la sensación de que nuestro Titanic ya tiene su proa mirando al cielo desde hace tiempo y lo único que hace la tripulación es intentar decidir a quién le toca una plaza en un bote de salvamento.

Es ciertamente cabreante, el que se viera venir y dirigentes políticos de todo el mundo hicieran como si no pasara nada, y siguieran gastando, y convenciendo de que no iba a pasar nada, que podíamos seguirles votando porque iban a seguir manteniendo nuestro nivel de gasto y de servicios. Pero ellos sabían que era mentira. Y, sean del partido que sean, su discurso es diferente según sean gobierno u oposición, de tal manera que es imposible distinguir quién es quién, porque las cosas no les parecen bien o mal según su ideología, sino según si son ellos quienes las hacen o son otros, así que, al menos para mi, todos han perdido credibilidad.

Yo antes veía un informativo cada noche y, si mis quehaceres domésticos o literarios no me lo permitían, optaba por un rápido ojeo a la prensa digital. Por estar informada y no sentirme fuera del mundo.

Últimamente, desde que las noticias me hacen sentirme a punto de naufragar en el Báltico, por las noches leo, libros grandes… y gordos. Para no estar muy informada e intentar sentirme fuera del mundo.

Es agotador estar continuamente enfadado así que para evitarlo y para intentar que el sueño no me venza cruzando los dedos para desear que la fortuna nos asigne a mí y a los míos una plaza en el bote o, al menos, un chaleco salvavidas… leo, ficción claro.

Aunque es verdad que, de vez en cuando, tiro de peli antigua, de teleserie o, incluso, de telenovela. Porque parece ser lo único del mundo televisivo que, abstrayéndonos de la realidad o de las rememoraciones del centenario, puede asegurarnos un final sin naufragios, eso que solíamos llamar un final feliz.

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Un pensamiento en “Final feliz

  1. Pues haces bien, porque yo cada vez me cabreo más, y lo peor es la impotencia de saber que no se puede luchar contra el poder económico. Tengo esperanzas en cuanto a la ecología, incluso en una mejoría de los valores personales a nivel global, pero en lo de que los bancos y las grandes corporaciones sigan exprimiéndonos y nuestros dirigentes lo contemplen sin hacer nada… en eso casi no me queda esperanza..

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