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Como le comentaba a Ana en su post, a veces la realidad supera la ficción. Esa es la sensación que he tenido esta semana ante la actualidad periodística.

Nuestro “querido” monarca se va a Botswana a cazar elefantes y sufre un desgraciado accidente por el que no solo se descubre su particular viaje de placer sino que al parecer tiene a su propia Camila. Mientras tanto, su nieto se dispara accidentalmente una escopeta hiriéndose en un pie. Si añadimos que su yerno sigue apareciendo en la prensa día sí y día también por los casos de malversación, prevaricación, fraude fiscal y falsedad documental, no creo que la próxima miniserie sobre la familia real sea de corte romántico.

Yo no es que sea antimonárquica porque me caigan mal, o porque crea que el presupuesto de la casa real sea desorbitado (hay otros más elevados), sino porque me parece un anacronismo, algo tan obsoleto y carente de sentido en nuestro presente que me parece una burla a nuestra inteligencia.

Me da igual que sean Borbones, Grimaldi, Windsor o Hashemite, no entiendo como se permiten estas situaciones heredades de épocas feudales, en las que determinadas familias han acaparado riqueza, patrimonio y poder mediante guerras, bodas, malas artes y muchos asesinatos. Que además sea obligatorio seguir un protocolo en su presencia como si fueran de una raza superior me parece completamente arcaico: Inclinarse ante ellos, besar su mano, llamarles Su Majestad…  y eso lo hago extensible a cualquier de los títulos nobiliarios existentes: duques, marqueses, condes, grandes de España… es como oficializar las diferencias de clase, que ya son notorias por si solas.

Soy consciente de que la otra opción, la República, levanta todavía demasiadas ampollas en este país, para mi gusto inmerecidas, ya que se la identifica con un momento concreto de nuestra historia demasiado extremo en ideologías. Sin embargo, para mí significa una forma de gobierno democrática e igualitaria donde la persona que desempeñará el papel de Jefe de Estado (que no deja de ser el relaciones públicas del país) ha de ganar unas elecciones. En algunas de las modernas repúblicas se prescinde de esta figura o se unifica con el Jefe del Gobierno (una manera práctica de ahorrar en gastos de representación). Pero sean del tipo que sean pueden ser revocados, se les elige por méritos propios y no por sangre, y no gozan de la impunidad (o ausencia de responsabilidad) de la que goza nuestro monarca.

Porque la vieja regla de la absoluta irresponsabilidad regia “the king can do not wrong” (el Rey no puede hacer mal) y de la que disfrutan todas las monarquías europeas se concreta en el artículo 56.3 de nuestra Constitución: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, responsabilidad no solo política, sino también civil y penal.

Con suerte y si siguen desprestigiándose ellos solitos antes de que acabe el siglo dejamos de mantener a los Borbones. Y yo que lo vea.

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2 pensamientos en “Anacronismos

  1. Sí, ahora mismo parece que todos los miembres de nuestra familia real se han convertido en los mejores luchadores a favor de la república. Quién lo iba a decir.

  2. Jeje, claro. La historia es que yo me ponía a pensar: ¿a quién elegiría el PP como candidato a Jefe de Estado en caso de República? Y me venía Aznar a la cabeza, y un escalofrío. ¿Y el PSOE? ¿A Zapatero? ¿Felipe González? Y entonces, al ponerme no ya en la situación abstracta, la del concepto, la que no me ofrece dudas, sino en la concreta, en la de nuestro país de ahora con nuestros políticos de ahora, creo que me ha dado un poco de miedo la “libertad” ;-P

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