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El rey.  A mí me da pena. El pobre hombre tenía que estar pasándolo fatal, con tanto insomnio a causa de la situación económica que atraviesa el país.  Ya dijo él mismo que no dormía algunas noches pensando en los jóvenes. Algunas. Otras igual se desvelaba por los parados de larga duración, otras tantas por los afectados por la hipoteca, y quizá en algún momento también le haya alterado la paz su propia familia, que mira que hay hombres en el mundo,- le das una patada al suelo y salen miles-, y haberse ido a enamorar la niña de uno amigo de lo ajeno, con la mala imagen que da eso. O no, tengo mis dudas.

La cosa es que la falta de sueño es fatal, y el buen hombre, haciendo un ejercicio de responsabilidad y teniendo en cuenta lo elevado de su cargo, debió pensar que viajar un poco y pegar unos tiros le ayudaría a aliviar tensiones para poder realizar sus labores en plena forma y no así, tan estresado como estaba. Lo de los elefantes… es que son un blanco cómodo -yo no he disparado en la vida, pero me das un rifle, me pones un elefante delante y acierto fijo-. Porque a ver, si va uno a desestresarse y a obtener un poco de refuerzo positivo, y no acierta un solo blanco, pues correría el peligro del efecto rebote, arriesgándose a volver a casa más jodido de lo que se fue. Además lo invitaban, de modo que estupendo, porque así nos ahorraba a sus súbditos el gasto del viaje más el que hubiera efectuado en palacio. Blanco y en botella. Lo que ocurre es que debió pensar esto llevando demasiadas noches sin dormir, y ya he dicho que lo del insomnio es fatal. Pero bueno, que no hay como una clínica y unas cuantas horas de descanso para reflexionar, ver otros puntos de vista y disculparse. Pues nada, sin rencores. Para mi es sencillo el perdón. Supongo que a la reina le habrá costado algo más. Claro, la confianza da asco. Me la imagino dándole un sermón antes de irse acerca de lo inoportuno y lo inadecuado del viaje,  y me la imagino, con la que les está cayendo, enterándose de la noticia, leyendo los titulares en prensa. Vamos, que me juego una mano a que lo que debió rondarle a la mujer por la cabeza al enterarse de la fractura de cadera del marido fue un “por qué no se rompería la puta cabeza, que total para lo que le sirve…” También debió escamarle un rato el tener que ir a verlo por el qué dirán, aunque de todos modos dijeran. Supongo que sólo le quedaría el consuelo del te lo dije. O quizá el desprecio es ya tan grande que ni eso reconfortaba, luego para qué desgastar saliva. A mí me da que ese matrimonio tiene problemas.

En fin, ser rey hoy es tan complicado que creo que el aspirar a serlo es pretencioso. Lo que quiero decir con esto es que hoy en día, lo único que mantiene en pie la figura de un jefe de estado que se ha elegido por su apellido (estaremos de acuerdo en que no es un criterio racional, pero es un criterio), de forma vitalicia, y cuyo puesto se hereda de padres a hijos -varones preferentemente-,  es que el monarca en cuestión tenga una conducta ejemplar como jefe de estado. Después de todo, ha sido educado para ello, y se le mantiene para ello. Teniendo en cuenta que juzgamos por comparación, y que los políticos electos resultan ser tan decepcionantes, incoherentes, inadecuados e incohesionados (sí, es posible que me haya inventando el término) no debería resultar tan difícil. De hecho hasta ahora lo ha tenido muy fácil nuestro rey.  Pero claro, ¿quién puede asegurar una conducta ejemplar -incluso hablando de ejemplaridad relativa- de por vida? ¿Quién puede asegurar que no sólo él, sino toda su familia,  su hijo varón heredero, y los hijos de sus hijos, todos, tendrán siempre una conducta ejemplar, y velarán siempre de la mejor forma posible por los intereses de los súbditos, y nos representarán siempre de una manera admirable? Asegurar eso es sumamente arriesgado, hasta pretencioso, como decía antes, máxime siendo seres humanos, con esa tendencia que tenemos para cagarla de vez en cuando, o incluso muy a menudo. La paciencia para con la figura real es inversamente proporcional a su número de errores, y a la magnitud de los mismos.  Cuanto más se siga acercando la familia real a la decrepitud moral que caracteriza a los políticos electos -o elegibles- más grande será la puerta por la que habrán de salir. Porque de payasos que avergüenzan están las listas llenas, y al menos se pueden cambiar cada cuatro años. Vamos, que si voy a tener a un payaso como representante, prefiero elegirlo….? Ufff, mejor dejo de ir por ahí.

Desde luego, otra de las variables que influyen en la paciencia es el grado de bienestar o malestar social. Cuando los ciudadanos tienen trabajo, llegan a fin de mes, y al menos sus necesidades básicas están cubiertas, son pacientes. Pero cuando sentimos que nuestra supervivencia y la de nuestras crías se ve amenazada, atacamos. Como los leones, o… los elefantes. Esto debe ser un instinto de nuestra realidad biológica. Por eso cada vez tenemos menos paciencia. Cada vez hay más altercados en las manifestaciones, cada vez somos más violentos, cada vez tenemos menos tolerancia con hechos que en otras circunstancias habrían tenido una repercusión mucho menor, aún tratándose del mismo hecho. Se respira un inquietante hartazgo ciudadano. No digo con ésto que lo justifique, lo defienda o lo denoste, tan solo constato una realidad: el ser humano, al igual que otros animales, atacan ante un peligro, o se defienden ante una amenaza.  El miedo nos hace capaces de lo peor:  instinto de supervivencia como decía. Cuando la supervivencia peligra, el orden social se altera. A la vista está que el horno está cada vez para menos bollos,  porque políticos -electos o no- y ciudadanos, somos todos muy humanos. Tanto para cagarla -una y otra vez, incluso hasta la saciedad-, como para perder la paciencia. Todo tiene un límite, y parece que andamos en su busca.

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Un pensamiento en “De los errores y de la paciencia y su límite

  1. Genial tu análisis del momento crisis-real que hemos pasado estos días. Creo que habrá un antes y un después de la casa real en cuanto a su comportamiento ante la sociedad. A mi particularmente no me consuela, ni siquiera me creo sus disculpas, creo que han sido efecto del pánico que les ha entrado al ver peligrar su real estabilidad. Y es que como dices… cada vez aguantamos menos, y tonterias las justas.

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