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Dice Ana que la pasión por las historias engloba la narración y la escucha, y me doy cuenta de que si, que siempre me ha gustado escuchar, mucho  más que hablar. Eso a veces me ha costado ser el paño de lágrimas de algún que otro desconsolado, ya sabéis eso de… “es que tu sabes escuchar”, pero siempre he preferido observar más que protagonizar. La realidad está llena de pequeñas historias apasionantes, solo hay que descubrirlas, a veces son pequeños trozos de conversación escuchados durante unos segundos al cruzarse con una pareja, otras son escenas contempladas desde la distancia, sin sonido.

Siempre me han dado envidia las personas que tienen facilidad para contar historias, y me refiero a contarlas verbalmente, anécdotas, chistes, historias, recuerdos.. da igual… mi socio es una de esas personas, recuerdo que una de las cosas que me fascinó de él cuando le conocí fue su manera de contar las cosas, apasionadamente, reviviendo las historias que narraba, daba igual que fueran anécdotas divertidas o tragicomedias del trabajo, no me cansaba de escucharlo, y de reírme.

Yo no tengo ese don, pero también me gusta contar historias, transmitir sensaciones, compartir ideas, por eso escribo, aunque nunca me he planteado el porqué, ni para quién, ni hasta cuando. Una vez alguien me dijo que le gustaba las cosas que le escribía, y que debería compartirlas. Y le hice caso. Ahora, después de cuatro años contando tanto historias inventadas como trocitos de mi realidad cotidiana, reconozco que me gusta, que a veces me sirve de terapia para deshacerme de mis propios demonios y otras veces como desahogo y pataleo.

Lo mejor, lo que me he ido encontrando por el camino.

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5 pensamientos en “Historias

    • Bueno si me pongo algo me sale, con mucho esfuerzo, jeje. Pero por escrito eso si, que yo lo de contar chistes y los exámenes orales siempre lo he llevado muy mal,

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