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Ana habla del nombre propio, el que nos titula y nos identifica, algunos hasta nos definen… tengo una casi pariente a quien tuvieron a bien ponerle como nombre Angustias y os puedo asegurar que su vida no ha sido un camino de rosas precisamente, eso sí nunca perdió su sentido del humor, quizás porque lo tenía asumido desde que comprendió el significado de su nombre.

Yo voy a referirme a otros nombres, más abstractos, los que definen o representan ideas aunque su significado literal sea mucho más simple. Por ejemplo, patria, que significa el lugar dónde se ha nacido, pero que tiene unas connotaciones de las que han abusado a lo largo de la historia gobernantes, tiranos y políticos, parece que es obligatorio sentir un amor desinteresado y absoluto por ella, hasta el punto de estar dispuestos a morir en caso de guerra.

En este país y debido a otro tipo de connotaciones históricas y dolorosas el sentido patrio en su aspecto guerrero solo está representado por determinadas ideologías (ultranacionalismo hay de muchos colores) y en su sentido más festivo, por todos los aficionados al fútbol que lloran cuando “la roja” gana, o Nadal, o Alonso… da igual donde tributen nuestros “héroes”.

Cuando yo era pequeña había otro acontecimiento que despertaba el fervor patrio, y era el festival de Eurovisión, pera eran otros tiempos y solo había una cadena de televisión.

Así que yo siempre me he encontrado así como un poco apátrida, y no porque carezca de nacionalidad, que ahora mismo puedo escoger según el día sentirme valenciana, catalana, española, europea o ciudadana del mundo que queda más cosmopolita, sino porque ninguno de sus signos externos, es decir banderas, himnos, enemigos, discursos, fronteras… me han hecho nunca el suficiente tilín para decantarme por alguna de ellas.

Bueno, un poco de Españistan si me siento… pero es no es culpa mía.

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