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Estoy de acuerdo con Ana, nuestra sociedad ha recibido el empujón necesario para empezar a evolucionar, no se muy bien hacía donde, pero seguro que en alguna dirección mejor que hacía donde nos encaminábamos hasta ahora.

No ha sido una revolución política en la que se haya desestabilizado el poder y cambiado el sistema de manera radical, pero si ha sacudido las suficientes conciencias para que cada convocatoria de movilización que el 15-M ha promovido haya tenido una respuesta multitudinaria.

Han sido muchas las personas que se han dado cuenta de que se puede y se debe protestar, que no tenemos que conformarnos con lo que nos ofrecen, que el estado de bienestar es posible y además nos lo merecemos. Que podemos exigirlo con la cabeza bien alta porque no hemos sido nosotros los que hemos hecho quebrar la economía global, y que este sistema erróneo se puede cambiar por otro más justo si todos nos lo proponemos.

Uno de sus grandes logros es no solo su poder de convocatoria sino su capacidad de transmitir indignación sin vender odio, no dejándose influir por los ataques y el intento de desprestigio de algunos medios de comunicación. Porque mucha gente se siente identificada con esa indignación, por numerosos y diversos motivos, algunos coinciden en muchos de ellos, otros en menos, pero son muchos los que demuestran sus simpatías hacía el movimiento y lo consideran como un revulsivo a la apatía generalizada que había hasta ahora.

En sus propuestas hay una manera de intentar cambiar el modelo económico y financiero existente con ideas no tanto innovadoras como de sentido común para casi todos los mortales, esos que no sabemos de macro economía ni política estratégica: dación en pago para acabar con los desahucios injustos, reforma fiscal para acabar con los privilegios de las grandes fortunas, cambiar la ley electoral hacía una modelo más justo que nos represente a todos…

Son muchas las iniciativas que miles de personas han aportado tras largas e inacabables horas de asambleas. Y es curioso que muchas de ellas hayan acabado en los discursos de los políticos, aunque luego no se hayan acometido en la medida que se solicitaban, sino como un simple maquillaje de cara a la galería.

Seguro que dentro de algunos años los libros de texto hablan de ello, más o menos según su éxito y continuidad. Pero aunque no lo hicieran, quedará para la posteridad todo un catálogo de poesía política:

“me sobra mes a final de sueldo”

“no somos antisistema, el sistema es antinosotros”

“Error 404: Democracia not found”

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