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Qué fácil ha sido ver estos días lo sumamente plural que es nuestra sociedad. No es que no lo supiera, pero a veces es como con el tema de la muerte, que quién no sabe que se va a morir, pero es un tema que tenemos ahí olvidado hasta que muere alguien cercano y de pronto se retoma conciencia. Pues algo así: veíamos aquí el aniversario y la vigencia del espíritu del 15 M como un empujón para romper con la inercia de la sociedad, pero sólo con la de una parte. Se me olvidaba que la sociedad es un conjunto de muchos intereses distintos, y que no todo el mundo recibe ese espíritu, otras muchas personas rompen su inercia debido a otro tipo de empujones. Pero no pasa nada, porque esta crisis nos da empujones a todos. Hay una parte de la sociedad que con las noticias de las últimas semanas se están viendo empujadas a actuar, me refiero a aquellos ahorradores con saldos abultados en imposiciones a plazo, bonos de deuda o fondos de inversión, vamos, dinero líquido. Algunas de estas personas, que tan tranquilas se sentían hasta ahora con su chaleco salvavidas, tras las noticias de las subidas de la primas de riesgo, la nacionalización de BAnkia, los batacazos bursátiles, la calificación cada vez más baja de nuestras entidades financieras, etc…. comienzan a dormir mal por las noches por los efectos del miedo, que surge a modo de una pesadilla de nombre corralito. Oh, cielos, doctor, dígame la verdad sea cual sea, estoy preparado. Entonces el doctor de uno de los equipos, con una verdad delante que no sabe interpretar porque no depende de él, dice de la forma más tranquilizadora posible: no se preocupe, no hay por qué temer, la entidad es sólida, y no porque lo diga yo, sino porque lo dice también el Banco de España y el Gobierno. Acabáramos. Lo más importante para la recuperación del enfermo es la actitud positiva y la fe, eso dicen. De modo que ahora no está en manos de la ciencia sino en manos de dios. Sería momento de acudir al sacerdote. Pero padre, ¿y si tengo una crisis de fe qué hago? ¿y si ya no creo en los médicos, ni en el Banco de España, ni en el mismisimo gobierno qué hago? ¿Y si quiero creer pero no puedo? Que yo le juro que me tomo mi pastilla cada noche, pero cada noche acude el corralito, y pienso, y si me quedo sin nada, dios, qué pánico. Y si después de mi ahorro durante años, de mi esfuerzo en el trabajo,  de mi acierto a la hora de gestionar el patrimonio familiar, de mi haber sabido vender a tiempo, de mi herencia, de mi visión y dedicación para los negocios, o de mi habilidad para el blanqueo –o lo que corresponda según el caso– me quedo sin nada, o sin al menos poder disponer de ello? Y entonces, a pesar de escuchar una y otra vez a los expertos económicos hablando acerca de la confianza, que últimamente las tertulias políticas parecen discursos de autoayuda lanzados por psicólogos aficionados de esos que se han hecho a sí mismos, lo que les pasa por la cabeza a algunos es  ¿Abandono el barco y me llevo fuera de España todo mi dinero, o me resisto a dejarme llevar por el pánico y contribuyo a la tranquilidad de los demás dejando mis fonditos donde están, y sufro en silencio la angustia del miedo cada día, con cada titular, con cada telediario, con cada comentario de mi asesor financiero, y con cada consejo de ese amigo tan bien informado que me insta a sacarlo todo al más puro estilo “las mujeres y los niños primero”? Cielos, cuántos empujones y de cuántas índoles. Me pregunto qué me respondería yo de estar ante semejante disyuntiva. Claro, que bastantes cosas tengo ya por las que preocuparme con mis propios empujones (que aquí nadie se salva), así que dejo de tratar de responderme y suspiro aliviada por no cargar con el peso de tener un dinero que salvar. Quien no se consuela….

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