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Estamos en crisis. Una de las grandes. Una gran crisis económica, que ha arrastrado a otras grandes crisis: política, social, educativa, sanitaria… y por ahí van a seguir saliendo grandes crisis, en cadena. Como un gran dominó, de enormes piezas. Ese dominó está enlazado con millones de piezas más pequeñas, que caen también en cascada cuando cae la pieza grande, y van saliendo las crisis que a nosotros nos llegan, las medianas (las de nuestras empresas, nuestros hospitales, nuestros municipios…) y las pequeñas (las nuestras, nuestras) las de nuestra familia, o las nuestras personales.

A nosotros el tema de Lehman Brothers o de la posible salida del euro de Grecia nos daría igual si no fuera porque esas piezas grandes, al caer, están generando cadenas de caídas de piezas de todos los tamaños. Y sentimos que amenazan nuestra diminuta pieza, esa que, a toda costa, queremos mantener en pie.

Hay movimientos de protesta en todas las ciudades, los del 15M, contra la reforma laboral, contra la sanitaria, contra la educativa… cada vez hay más objetivos para ir en contra. Y todos los manifestantes, a pesar de que se alineen detrás de pancartas que intentan proteger las piezas grandes, defienden sobre todo su pieza, su pequeña pieza, los habrá que sólo esa, pero la mayoría defenderán las suyas y las de la gente de su alrededor, la que conocen y la que no, porque al final la lucha consiste en proteger las pequeñas piezas.

Mira lo que a mi me importa que en Grecia se pague en euros o en dracmas, yo ya estudié los dracmas en el cole, así que sólo tendría que actualizar conocimientos, con lo que es algo que a mi ni me va ni me viene. Pero sí me afecta que ese cambio de moneda, esa caída de la gran pieza del euro griego, parece que va a arrastrar a cientos de miles, o millones, de pequeñas piezas. Y ahí en las pequeñas piezas es dónde está el drama. Y en ellas también habrá de estar la clave para darle la vuelta a esto.

Yo no puedo sujetar la pieza del euro griego, ni  la del déficit español (parece que ninguno de nuestros dirigentes puede, y es bastante peor), ni la de las grandes reformas legales, ni la de la educación gratis para todos, ni la asistencia sanitaria universal y completa, ni… , yo no puedo, y eso me crea una sensación de impotencia que, unida a la desesperanza por el continuo anuncio de malas noticias, está acabando con ese espíritu entusiasta imprescindible para emprender cualquier proyecto. Y es un precio demasiado alto que no deberíamos permitirnos pagar y contra el que tendríamos que actuar.

Al igual que los expertos en organización del trabajo, o en herramientas para manejar el estrés, aconsejan dividir el trabajo o los problemas en partes pequeñas para hacerlas afrontables, yo no veo otra solución para la crisis que la de que todos la dividamos y nos fijemos en las piezas pequeñas que nos rodean. Yo no puedo sostener las grandes piezas, pero a lo mejor sí puedo sostener una (además de la mía) y ayudar a sostener alguna otra y, si mucha gente empieza a hacerlo, muchas piezas pequeñas tendrán que ayudar a sostener a otras medianas, y las medianas a las grandes… hasta que, con el tiempo, podamos llegar a las muy grandes.

Nuestras vidas, las vidas de la mayoría, son pequeñas, y en nuestras pequeñas vidas se ha instalado una sensación de pesimismo que puede hacer que ni siquiera nos movamos por sostener nuestra pieza. Un… ¿qué más da? Si los problemas vienen de fuera, las soluciones también tendrán que hacerlo… Así, si no nos movemos, nuestra pieza caerá solita, y bien rápido. ¿Y no haremos nada?

Quizá parece un punto de vista egoísta, pero yo prefiero llamarlo un punto de vista “pequeño”. El plan es actuar a pequeña escala, proteger lo pequeño y agruparse a nivel de piezas pequeñas, en familias, colegios, barrios, grupos de amigos, asociaciones… No es mi idea muy original porque ya está pasando, lo leemos en los periódicos cada dos por tres que hay colegios, barrios, asociaciones, grupos juveniles… que ya se están moviendo.

Tenemos claro (y con el bombardeo continuo de pesimismo mucho más) que solos no podemos, y el mundo global ha demostrado que tampoco puede. Si hay por tanto solución, y tiene que haberla, seguro estará en el medio. Un pequeño grupo de piezas pequeñas, un grupo pequeño, manejable, activo, puede obtener su fruto.  Y según se vayan fortaleciendo estos grupos podremos aspirar a jugar a un dominó inverso en el que las piezas pequeñas se vayan levantando en cadena.

Y, quién sabe, quizá con el tiempo los grupos de piezas pequeñas se consoliden, se amplíen y se hagan fuertes y puedan llegar a convertirse en pieza grande. En una gran pieza estable y a prueba de dominós.

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6 pensamientos en “Dominó

    • Creo que a veces escribo lo que necesito leer y no consigo encontrar en ningún sitio. Es posible que esta sea una de esas veces. Gracias. Un beso.

    • Ahora mismo yo no veo otra opción, porque lo macro, lo global, lo grande, ya no lo entiendo, se me escapa a mi entendimiento, me pierdo en las grandes batallas y no logro ver ninguna posibilidad de triunfo. Quizá sea la culpa de ese pesimismo generalizado, pero creo que para todos sería mejor, y veríamos más opciones de avance, si nos concentráramos en lo más pequeño y más cercano.

  1. O sacar la ficha del efecto domino que empuja a la siguiente,y a ese ridmo,hasta que esta metáfora se convierta en ficción y no puedan tumbar nuestras fichas,porque no entran en el juego

    • Es otra opción, pero es difícil la supervivencia de una ficha sola, al final acabas sacando varias y, entre ellas, vuelven a crear dominó. Pero menos peligroso si las fichas son del mismo tamaño y no hay un único recorrido.

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