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Ana habla en su post de esas pequeñas revoluciones, esos movimientos a corta escala que si consigan cambiar este sistema tan solidamente inamovible en el que estamos inmersos.

Yo he llegado hace un rato de la manifestación contra los recortes en el la educación pública, una de tantas movilizaciones a las que nos estamos acostumbrando en los últimos meses. Parece que es lo único que nos dejan hacer, patalear, protestar, para que nos desahoguemos y nos vayamos más tranquilos a casa, con la sensación del deber cumplido. Mañana habrá guerra de cifras, para los convocantes seríamos unos cuantos miles más que para el gobierno, para mi no éramos los suficientes.

Hago cuentas y de los dos sextos de primaria donde va mi hija, unos sesenta y pico niños, apenas somos cuatro padres., y eso que prácticamente todos están en contra de las medidas del gobierno.

En realidad no entiendo como no nos hemos echado casi todos a la calle. No creo que haya mucha gente a quien no le afecte directamente cualquiera de las medidas/reformas/recortes que en el sector educativo, sanitario o laboral ha aprobado el gobierno. Y de todos modos, no creo que nadie pueda quedarse quieto ante la perdida de tantos derechos. Así que lo achaco a la saturación de movilizaciones, la falta de entusiasmo, la sensación de que no va a servir para nada o simplemente la pereza momentánea.

En realidad, no sé si hubiera servido de algo que todos los que están en contra de los recortes hubieran salido a la calle, aunque se hubieran colapsado ciudades, aunque las cifras hubieran sido espectaculares, como aquellas movilizaciones contra la guerra de Irak, donde millones de personas mostraron su oposición… y no sirvió para nada.

Por eso creo que Ana tiene razón, que si logramos tirar pequeñas piezas a nuestro alrededor conseguiremos que las piezas grandes que hay al final del circuito caigan también.

Supongo que la desobediencia civil sería una posible acción, no se de que modo, pero creo que sería una manera coherente de plantar cara a las leyes “malas”, a las normas “injustas” que nos impone un gobierno o un sistema cada vez más desigual.

Los periodistas podrían no comparecer en esas ruedas de prensa en las que los políticos no permiten preguntas. Total, para no contestar, que manden videos a las cadenas de televisión. Los padres podríamos negarnos a comprar esos libros tan caros y pesados que destrozan la espalda a nuestros hijos curso tras curso y que modifican cada año para que no se puedan intercambiar. También podríamos dejar de comprar en determinadas cadenas de ropa que ganan millones de euros con nosotros pero no pagan impuestos…

Si Rosa Parks no se hubiera negado aquel día a cederle su asiento a un blanco…

Acción… reacción… repercusión…

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2 pensamientos en “Desobediencia

  1. Bueno,bueno,bueno…
    Siempre pienso en el poder factico,en la capacida de repercutir,de una masa de personas con pancartas,y creo que extraen el aire de esos lugares donde la gente se manifiesta para evitar que se oiga que tenga eco,que contagie de su malestar al resto.
    Otras veces creo que es la televisión la pobre culpable,nos han mostrado tanto horror,que hay veces que creo que nos sentimos muy cómodos en este ladito

    • Si Juan, no hay como coger distancia para sentir que nada te salpica… hasta que lo hace. Todo un honor tenerte por aquí. 🙂

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