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Se lamentaba Ana con cierta amargura de esta forma de aprender -sea lo que sea eso-  y madurar – sea lo que sea eso-  a base de golpes. Y decía que preferiría poder hacerlo como las frutas, al sol. Pues bien, también lo hacemos. Creo que no sólo aprendemos con errores, y no sólo a raíz de tragedias. Aprendemos con todo y sí, también de los aciertos sacamos enseñanza.

Yo aquí haría una separación. No consideraría las tragedias o bonanazas como errores o aciertos, sino como contextos en los que nos movemos, como los escenarios de esos errores y aciertos, aunque a veces interaccionan, y a consecuencia de un error tenemos una tragedia, o a consecuencia de un acierto una bonanza. Pero que a veces tengan que ver contextos con actuaciones no quiere decir que necesariamente haya de ser así. Es decir, un terremoto, una enfermedad, un accidente fortuito, son tragedias independientes de posibles errores personales. Un gordo en la lotería o nacer en una familia adinerada no son consecuencia de aciertos personales.  Otros contextos se originan a partir de errores y aciertos. Tanto contextos personales como colectivos.

Con respecto a lo comentado a Carmen acerca de los usos de las redes sociales para la crueldad entre nuestros tiernos y en apariencia inocentes infantes es igual. Las redes sociales son un medio, un escenario. Se pueden usar para ser cruel, como bien podrían usarse para otros fines muy distintos, como establecer redes de colaboración entre compañeros, compartir apuntes, preguntas de examen, trucos en juegos, chistes…  El que los chavales las estén utilizando como un medio de expresión de su crueldad no es ni más ni menos que un síntoma más -al que le faltan las luces de neón- de que algo estamos haciendo mal. Alarmantemente mal.

Creo que en general la historia consiste en que vamos viviendo por diferentes escenarios, unos más difíciles, otros más sencillos. En función de estos escenarios vamos tomando decisiones, y configurando un estilo de vida. A veces no sabemos si vamos bien o mal hasta que no llega un éxito que nos reafirme o bien un golpe de grandes dimensiones que no nos deja otra opción que probar de otra forma. Si los ratones en un laberinto modifican sus conductas en función de estímulos (descargas eléctricas versus queso), el ser humano, también lo hace. Lo que ocurre es que no todos respondemos a los mismos estímulos ni con la misma rapidez.

Hay quien es capaz de ver que se ha equivocado o que está en el buen camino ante indicios muy precoces. Y quien está en el extremo opuesto, y  no ve un agujero enorme hasta que no se encuentra en fondo del mismo y tiene el cuerpo completamente magullado, o una vida maravillosa hasta que la pierde. En esto influye enormemente el hábito que tengamos a la hora de estar atentos a los indicios, el hábito de analizar nuestro entorno, de analizarnos a nosotros mismos, de lo dispuestos a ver y a escuchar. No siempre es fácil.

Pero es que no sólo consiste en saber ver aciertos y errores más pronto o más tarde, sino en la actitud ante los mismos una vez que hemos tomado conciencia, es decir, una vez que nos hemos dado cuenta que estábamos en un error, cuánto tardamos en aceptarlo -tremendamente doloroso- y rectificar -con el valor que hace falta tener para ello- . Podemos ver pronto las señales pero no hacer nada, sino simplemente esperar a que el desastre crezca y no movernos más que cuando no haya ninguna otra opción. O bien rectificar en seguida, nada más digerir la equivocación. O bien elegir cualquier punto intermedio entre una cosa y la otra. En cuanto a los aciertos, ante signos evidentes de estar en el buen camino, creo que la cuestión sería perseverar. Perseverar aunque cueste, perseverar aunque parezca que sólo nosotros vemos ese acierto, perseverar aunque nadie más crea, perseverar aunque sea largo (si el camino es bueno, qué mejor que sea largo, no?). Perseverar, creer, valorar los aciertos, saber verlos con la misma nitidez que los errores y disfrutarlos.

Y así es de complejo, porque una misma persona ejercita a lo largo de su vida actúa siguiendo todas las combinaciones posibles según el momento y el estímulo:  puede ser consciente unas veces pronto y otras tarde de aciertos y errores, y mostrar una diferente actitud de respuesta en cada caso. Suele predominar una tendencia en la que cada uno se reconoce más o menos, pero no hay ninguna norma, ni regla fija, ni ley, ni estándar. Si sólo habláramos de descargas y quesos….

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