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Hablamos en los últimos posts de aprender y madurar, y de que no aprendemos de nuestros propios errores, que es lo que más nos debería enseñar en nuestra experiencia vital. Estoy con Ana en que pedir perdón, si no sabes por que, o si simplemente no te arrepientes, como mera formula social, no sirve para nada.

De eso saben mucho algunos cristianos, que no deben arrepentirse mucho cuando repiten tanto los mismos pecados. Uno de esos pecados tan comunes es la mentira. San Agustín distinguía ocho tipos de mentiras: las mentiras en la enseñanza religiosa, las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie, y las que hacen daño pero si ayudan a alguien, las mentiras que se dicen por el placer de mentir, las mentiras para complacer a los demás, y por último tres tipos de mentiras que no hacen daño pero que o bien ayudan a alguien, o pueden salvar la vida de alguien, o a proteger la pureza de alguien. Y aclaraba: las “mentirijillas” no son en realidad mentiras.

Tomás de Aquino hizo una relación más breve y fácil de aplicar: había tres tipos de mentiras: la útil y la humorística, ambas veniales, y la maliciosa, que era pecado mortal. No menciona nada sobre las mentirijillas.

Tanto darle vueltas a las mentiras y al arrepentimiento es porque últimamente me parece que es tan fácil lo de mentir pública y ostentosamente, sin ningún tipo de responsabilidad ni castigo que nos estamos acostumbrando a tener que averiguar la verdad por otros medios, no por los cauces oficiales.

Presidentes de bancos y cajas que hacen ostentación de cuentas saneadas y solvencia indudable semanas antes de que se descubran agujeros negros insondables. Políticos que prometen y se comprometen a no subir los impuestos, a no recortar en derechos sociales, a solucionar eficaz y rápidamente los problemas económicos mientras aprueban con decretazos recortes, reformas fiscales y laborales que se contradicen totalmente con los discursos de hace unos meses, o unas semanas, o unas horas…. Magistrados (paradigmas de la verdad y la justicia) que se inventan cenas y comidas de protocolo para tapar gastos superfluos no profesionales, mintiendo y desmintiendo hasta límites patéticos.

Y da igual que te pillen. No pasa nada.

Así que ahora pongo cualquier telediario y escucho, y juego a adivinar mentiras, o identificar exageraciones, aunque últimamente directamente cambio de canal y pongo ese programa que según la derecha es tendencioso y manipulador, pero que por lo menos me hace reír, porque puestos a no ser rigurosos, prefiero acabar el día con unas risas.

Que igual por eso Mariano no dice nada, porque para mentir..

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