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Me conminaba Patricia el viernes a que me sintiera libre para pensar lo que quisiera. Y yo, en su correo, lo entendí a la primera porque restringí su uso a mi texto en Euler y me pareció algo muy fácil, pero es verdad que ahora, después de leer su texto del viernes-sábado, veo que puede dar lugar a alguna otra interpretación y convertirse en algo más bien difícil. Porque no es lo mismo sentirse libre que serlo, y ya si la libertad se refiere al pensamiento y le añadimos el verbo querer… eso es rizar el rizo: sentirme libre para pensar lo que yo quiera… ahí es nada.

A mi me encantaría pensar siempre lo que quiero pensar, incluso dejar de pensar cuando conviene hacerlo, pero mi pensamiento suele sentirse libre sin mi autorización y piensa, deja de pensar o piensa de más según criterio propio, no siempre adecuado.

Y pienso yo ahora (no sé si porque quiero o no) que el pensamiento es lo más libre que tenemos. Quizá haya ocasiones en las que nadie se dé cuenta, porque de tanto intentar controlar lo que decimos o lo que hacemos ya ni se nota qué es lo que en realidad pensamos.

Hay gente muy diestra en el arte de aparentar, hablando o actuando, que piensa diferente de lo que en realidad piensa y, artistas o no, todos camuflamos un poco nuestros pensamientos.

Sólo nosotros, de uno en uno, estamos verdaderamente solos con ellos. Para bien y para mal.

En mi caso particular, esta mente libre con la que he sido agraciada me da bastantes disgustos cuando anticipa improbables desastres, cuando hace globos de problemas mínimos o cuando le da por ponerse creativa en el crítico momento en el que nos toca resolver un problema matemático, por ejemplo. Pero, por el contrario, cuando sus días creativos e inconcretos nos pillan en calma y con tiempo libre, tengo que reconocer que puede ser muy divertida y me da alegrías que compensan lo anterior, aunque eso sí, en la mayoría de las ocasiones, siendo muy libre para pensar, no puedo sentirme libre, ni mucho menos, para contar lo que pienso. Por evitar males mayores.

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Un pensamiento en “Libres

  1. Muy bueno. Es muy diferente el ser y sentirse libre para pensar, que el ser y sentirse libre para actuar, hasta incluso para comunicar o compartir lo pensado libremente. Y ya, cuando pensamos una cosa y vamos y sentimos una diferente la hemos terminado de liar parda. Yo por mi parte hago esfuerzos titánicos por homogeneizar en lo posible, pero he de reconocer que es tremendamente complicado.

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