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Interesante la reflexión de Ana sobre la libertad de pensamiento, me identifico sobre todo con ese pensar no siempre adecuado que nuestra mente a veces tiene, a pesar de nuestras sesudas reflexiones y convicciones personales.

A esa libertad que se toma a veces nuestra mente hay que añadir cierta libertad en el sentir que también choca contra ideas y pensamientos que creemos tener bien afianzados en nuestro cerebro y que cuando surge nos desequilibra y nos sorprende.

Hay momentos en que por mucho que intentemos razonarnos a nosotros mismos que la respuesta emocional que estamos teniendo no es la adecuada, que no somos así, egoístas, o celosos, o envidiosos, o alguno de esos adjetivos que tanto odiamos en otras personas, no podemos evitar que la sinrazón gane a la razón, y nos sentimos mal, porque sabemos que no somos así ¿o si? Nuestra conciencia está en lucha permanente,  juzgando nuestras acciones sobre la base de lo que para nosotros está bien o mal, y es uno de los procesos que más me maravillan del ser humano, de los que no se pueden reproducidos artificialmente, ni siquiera por los ordenadores más sofisticados, por mucho que sesudos investigadores estén diseñando complicados algoritmos que puedan imitarla.

Así que cuando mi tan libre pensamiento empieza a ir por derroteros que no me parecen adecuados supongo que mi conciencia intenta llevarlo con mucha mano izquierda hacía ideas más adecuadas, ya sea porque sean políticamente correctas para mantener mi coherencia ideológica, o simplemente para evitar daños emocionales la mayoría de las veces gratuitos, que cuando la mente se pone negativa o vengativa es como si tuviéramos el enemigo en casa.

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