Home

No consigo impregnar de optimismo la sensación de frustración que me invade cada vez que una nueva mala noticia llega a los titulares diarios. A pesar del intento de Ana de redefinir el concepto de fracaso, me es imposible a estas alturas de año, ver algún lado positivo al gran fiasco al que nuestros gestores, ya sean autonómicos, nacionales o europeos nos han abocado.

Dentro del desastre generalizado que reina desde hace unos años he de reconocer que este curso que ahora acaba ha sido de los peores. Lo más frustrante es que no hay exámenes de septiembre, ni recuperación posible. Vamos directos a repetir curso, y con ello, pesadilla, y cada vez en peores condiciones.

Lo más extraño es que parece que todo el mundo lo sabe, que esto no funciona, que vamos de mal en peor, que con las medidas que se van a seguir no vamos a crecer, que la crisis se hará más profunda… pero no se quien ni porque decidió vender su alma (nuestras vidas) al diablo hace tiempo y ya no hay vuelta atrás.

Acabo de leer que la luz puede subir de nuevo en julio, apenas un 4%, pero llevamos arrastrando ya demasiadas sumas, o mejor dicho restas: copago farmacéutico, subida de tasas universitarias, eliminación de becas escolares, congelación o bajada de sueldos, la posible subida del IVA, la más que probable eliminación de la deducción de vivienda… los llamados “sacrificios” necesarios que tenemos que hacer para cumplir los mínimos pedidos por Europa y el FMI, es decir por los mismos de siempre, los que no los sufren.

No entiendo de macro economía, apenas de microeconomía casera, y claro se me escapan los conceptos, pero se que si se ingresan 3 y se gastan 5 faltan 2, por eso no entiendo los agujeros sorpresa con todos esos ceros que son imposibles de retener. Tampoco entiendo como se llegó hasta ese punto, porque ningún sesudo y profesional gestor público se dio cuenta a tiempo. Por no hablar de esos supuestamente expertos financieros que manejan y dirigen los bancos.

Desengaño, desilusión, frustración, decepción… a veces me parece que somos las víctimas de una broma de mal gusto con la que alguien se debe estar partiendo de risa, además de enriqueciéndose vilmente y sin escrúpulos, pero es que no se me ocurre ninguna otra explicación.

Así que este año el sistema se merece un suspenso. Un gran MUY DEFICIENTE. Aunque mejor que los que han suspendido no repitan. Solo nos faltaría otro año de más de lo mismo.

Nos vemos en septiembre 😉

Anuncios