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Se acabaron las vacaciones. Para millones de trabajadores y estudiantes hoy es el primer día de vuelta a las obligaciones. Aquí, en la Línea de Euler también.

Y entre mis propósitos para el nuevo curso podía haber estado escribir los textos con tiempo, meditándolos bien para poder tener la certeza antes de clicar en el botón de “Publicar” de que lo que publico es lo que realmente quiero escribir, en vez de escribir con prisas por hacerlo a última hora y tener que publicar antes de la última corrección porque se acerca la medianoche. Pero a la vista está que mejor será no tomármelo como propósito porque no parece que vaya a tener mucho éxito.

En cualquier caso, me siento muy en la actualidad política trabajando así, con prisas, y a última hora.

Desde el momento en que esta crisis económica empezó a manifestar sus primeros efectos en Europa, todos nuestros gobernantes en los últimos años han optado por la estrategia (poniéndonos en el caso optimista de que de verdad alguien tenga una estrategia) de negar tajantemente (la crisis en sí, las medidas correctoras, los recortes, los rescates, la intervención…) para luego intentar convencer de estar obligados a hacer lo que negaron que harían y hacerlo, encima, tarde, a última hora.

Y yo no sé si queda alguien que se crea las declaraciones de los políticos de cualquier signo (yo, desde luego, no) y me parece una pena no encontrar a nadie en el panorama  político actual que me parezca tener la capacidad y la credibilidad suficiente para ser un buen político y un buen gestor. Entre los millones de votantes de cada partido, entre los cientos de miles de militantes… ¿de verdad no hay nadie? ¿están formadas las ejecutivas de los principales partidos políticos por lo mejor que tienen?

Quizá el desprestigio ha llegado a tal punto que el oficio político ha dejado de ser atractivo para los mejores. Y toda esa gente que de verdad entiende de economía, de relaciones con el exterior, de servicios sociales, de educación y de gestión pública está escondida en puestos más bajos en la Administración, en la Universidad, en la empresa privada o jubilados en sus casas y no se les pasa por la imaginación estropear sus carreras o complicar su vida con una responsabilidad política. Y así estamos.

Mientras tanto iremos acostumbrándonos a que las leyes que rigen nuestras condiciones de trabajo, nuestra contribución a la comunidad o la seguridad de nuestras inversiones se cambien y retoquen cada dos por tres sin aviso previo. Con la sensación de que se actúa siempre igual: con prisas, y a última hora. Como yo.

¡Feliz curso 2012-2013!

 

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2 pensamientos en “A última hora

  1. Me apunto a lo de “publicar” con tiempo, jeje, a ver si este curso puedo conseguirlo 🙂
    Respecto a lo demás…. yo no me termino de acostumbrar… 😦

  2. Con prisas sí, pero es que una vez que se acostumbra una al último momento es difícil dejarlo, y es que la presión libera adrenalina… (la farmacia está haciendo mella, hasta en los comentarios, me temo ;-)) Feliz curso!

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