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Pues voy a seguir yo con el curioso fenómeno del ansia de poseer, ya se trate de bienes tangibles o intangibles, el ansia no hace distingos. Pero ¿por qué? No sé, observando se me ocurren ciertas clases de posesiones.

Unas, las más valiosas, nos dan sensación de trascendencia. Esto lo he comprado y es mío. Para siempre. Nadie me lo va a quitar.¿Siempre? Pero si es que nosotros no duramos siempre. Da igual, cuando yo me muera será de mis hijos, y después de los hijos de mis hijos, y así me perpetúo en esa cosa tan fabulosa que poseo. Como los faraones.

Otras sirven como compensación. Quién no ha tenido un día gris, y para luchar contra la tristeza ha terminado en un centro comercial dándose un capricho. Y debe ser que el comprar, el tener una cosa más, libera algún tipo de endorfina, porque de pronto se pone uno tan contento con su nueva compra y se le olvida a uno que estaba triste, que se sentía solo, que tenía la autoestima por los suelos, o lo que fuera. Ya no importa. No se ha solucionado el motivo pero el capricho ha hecho de anestesia. La pega es que los efectos se pasan pronto, el vacío reaparece, y hace falta taparlo con otra cosa, y volver a compensar.

En fin, que observando, y observándose, al final hay tantas razones como individuos. Pero lo justifiquemos como lo justifiquemos, yo creo que el poseer ha terminado por ser una razón cultural. Poseer como fin en sí mismo. Pongo un ejemplo. Unas navidades en la ONG, para recaudar fondos, se nos ocurrió hacer una rifa de una cesta. Había que preparar las papeletas, decidir cómo elegir la premiada, imprimirlas, repartirlas entre los socios con tiempo para poder venderlas, etc…. Entonces un compañero dijo lo siguiente: “vamos a ver, no entiendo. Todos vamos a vender las papeletas a amigos y familiares, que nos las van a comprar bien por ayudar a la causa bien por compromiso, y no porque quieran una cesta llena de mazapán, ¿verdad? Pues entonces, ¿por qué no nos dejamos de historias y directamente les decimos a nuestros amigos y familiares que si nos ayudan con una pequeña donación para nuestros niños tanzanos?” Pues muy sencillo. Porque aunque a la gente le importe un pimiento la cesta llena de mazapán, y estén comprando una papeleta por compromiso o por hacer el bien, NECESITAN que a cambio del dinero les quede algo: la propia papeleta. Han entregado un dinero para echar una mano, y/o por compromiso, posiblemente odien el turrón y el mazapán, y si  resultan ganadores renuncien al premio, pero el papel que se entrega a cambio es definitivo para dar por buena la transacción. Así funcionamos. No me diréis que no somos peculiares.

Pero si bien una cosa es querer  otra muy distinta es poder, por mucho que lo permitan las leyes. Y si el otro día me cuestionaba la legitimidad de apropiarse de bienes que no deberían tener dueño, como la tierra, el agua, el aire, el sol, la luna, o las estrellas, y que están ahí para que los usemos y disfrutemos mientras vivimos, y que después disfrutarán los siguientes… también me pregunto si podemos afirmar que somos propietarios de una idea, de una canción, o de un escrito, por el mero hecho de haberlo comprado. Incluso por el mero hecho de haberlo creado, pues el conocimiento se construye partiendo de conocimientos previos que no nos pertenecen, aunque usemos y disfrutemos. Pues entonces, ¿por el mero hecho de distribuirlo? ¿Será el deseo de perpetuar los beneficios otra forma de trascender?

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2 pensamientos en “Posesión y uso y disfrute

  1. Muy buena tu ultima reflexión, partimos de conocimientos previos, es como una creación colectiva que no debería ser patrimonio exclusivo de nadie. Si fuéramos capaces de compartir mas….

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