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Ya lo dijo Zapatero a Gabilondo en 2008 en aquél pillado con micrófonos abiertos después de una entrevista en Cuatro “yo creo que nos conviene que haya tensión”.

Y ahora que la tensión se incrementa en la calle yo no puedo dejar de pensar en aquella frase de Zapatero, porque esa tensión creciente que a mi me asusta, parece que conviene a alguien.

Las pacíficas manifestaciones son encabezadas a veces por pancartas que lo que piden es un golpe de estado en toda regla, y eso crea tensión en el Estado, que crea una sobre-respuesta por si acaso. Las fuerzas del orden con su actuación sobredimensionada crean tensión en parte de los manifestantes que, bajo la consigna de si me lo prohíben me empeño más, reiteran sus convocatorias de protestas bajo pancartas no siempre acordes con un estado de derecho.

El presidente Rajoy, para no ser menos, hace unas declaraciones alabando a los millones de españoles que se quedan en casa sin rechistar y eso eleva la tensión del más pintado porque pocos quedan en España que no tengan razones para manifestarse, lo hagan o no, y fastidia que se alabe al que, según los políticos, acepta todo lo que se haga, le perjudique o no, sin mover un dedo.

Y en Cataluña se vuelve a manejar el tema del independentismo como una amenaza hacia o desde el Estado español en un momento en el que cuesta creer que de verdad la gente que lo está pasando mal tenga cuerpo como para pensar en qué bandera ondeará o no en el balcón de su ayuntamiento. Pero ese retomar justo en este momento esta tradicional pretensión con tanta aparente virulencia, pueda o no tener éxito, lo que sí es indudable es que eleva la tensión en el ambiente político, en el deportivo (ya se verá en el próximo Madrid-Barça que si de por sí es partido de riesgo, este va a ser de no acercarse), y en la vida personal de muchos españoles a favor o en contra de la independencia o incluso indiferentes a ella.

Tensión, crear tensión, ¿de verdad conviene? ¿hay una razón política que consigue sacar beneficio de estas tensiones?

Porque lo que a mi me parece es que cuando la crispación se extrema lo que termina habiendo son muertos. Y a mi me da miedo.

Tanto empeño en elegir calmar a los mercados olvidándose de lo importante que es esa misma calma para poder llevar una vida pacífica y una convivencia armónica cuando la situación económica de la mayoría de la población se deteriora mes a mes, me vuelve a hacer pensar que no debemos estar en muy buenas manos.

Porque volviendo al símil con la economía doméstica, si uno tiene al borde del ataque de nervios a la vez a la suegra en casa y al mejor cliente en la tienda de ultramarinos que regenta, a la primera que da el chute de ansiolítico es a la suegra para evitar que la tensión se incremente en casa y se reparta por el resto de los miembros de la familia, y luego ya se calmará al mercado que, al fin y al cabo, con él no convivimos y no nos puede hacer dormir en el sofá.

 

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