Home

Por fin alguien con un poco de sentido común. Gracias, mil gracias, juez Pedraz, por poner un poco de sensatez en toda esta historia del 25-S, y por tener el valor de llamar a las cosas por su nombre. Al gobierno le ha salido el tiro por la culata. La estrategia era clara: autorizar una manifestación cuyo lema era “Rodea el congreso”, justificar una violenta actuación policial -según ellos encomiable- justificada en aras de la salvación de la democracia del país, en peligro por un grupo de violentos que pretendían tomar el Congreso por la fuerza y dar un golpe de estado. En resumidas cuentas, era una estrategia para criminalizar un movimiento heterogéneo cuyo  único punto en común es la indignación por la crisis, su gestión, sus consecuencias, y la búsqueda de un sistema democrático un poco más democrático. Y una excusa para legitimar un recorte de libertades que, supongo que en vista de la clamorosa oposición, parecen haber reconsiderado.

Que en una manifestación de más de cien mil personas hubiera conflictos con algún violento es algo de esperar, pero nada se dijo de ese 99,9% de pacíficos. Como decía Ana, en cualquier evento deportivo hay altercados con algún violento, y nada de ellos se comenta en las noticias, ni se acusa a la generalidad de aficionados de camorristas. Si de verdad la intención hubiera sido hacer cesar al gobierno y haber formado otro constituyente, se habría hecho por muchos antidisturbios que hubieran sacado: como me decía mi amigo José ayer, con muchos menos se tomó la Bastilla.

Lo que me sorprende ahora es la indignación del PP ante las declaraciones del juez. Le critican, como si de una blasfemia se tratara, que legitimara la libertad de expresión de los manifestantes, “máxime ante la convenida decadencia de la denominada clase política”. Pues sí, la clase política es decadente. Que no digo que en la calle, los ciudadanos de a pie, no tengamos también una responsabilidad en la situación actual, y que colaboramos y formamos parte del sistema. Pero lo que es innegable es que quienes toman las decisiones tienen una responsabilidad mucho mayor. La corrupción generalizada, el neoliberalismo feroz, la creciente desigualdad, la creciente pobreza, la alarmante precariedad, el futuro desolador, un sistema electoral que impide que salgamos de un bipartidismo que es causa y consecuencia de que nos gobiernen alternativamente dos únicos partidos que, por saberse únicos, se han ido pudriendo. Y señores, a acatar hasta dentro de cuatro años unas listas cerradas y un programa en blanco, porque mientras tanto no tienen ninguna otra herramienta democrática con la que poder decidir  nada. Y señores, si algo no les gusta, como mucho les dejamos el recurso de la pataleta. Y cuando criticamos la actuación del gobierno se indignan, pero como por encima del hombro. Como si la opinión de la masa, esa panda de desarrapados, perroflautas y ácratas no les mereciera ningún respeto. Pero cuando el ácrata es un juez la cosa cambia. Y vociferan, e insultan, y se rasgan las vestiduras. El señor juez ha osado poner en tela de juicio la calidad de las personas que forman parte de nuestras instituciones democráticas. Y yo es que soy de las de ponerlo todo en tela de juicio. Ni el Congreso es un ser divino, ni tampoco nuestro actual estado de derecho, ni nuestro sistema democrático, así como entes abstractos. Pero mucho menos lo son las personas que lo forman. Que por algo el antónimo de lo divino es lo humano.

Y no soy juez, pero creo que el sistema del estado actual necesita una reforma estructural. Creo que, en vista del éxito de la forma de gobernar de nuestra decadente clase política -decadencia tanto ética como profesional- deberían dejar a la ciudadanía un mayor poder de decisión -las nuevas tecnologías serían las grandes aliadas para una democracia ágil y participativa- y creo que es muy sano el ir haciendo un análisis crítico para poder mejorar. Pero nos paraliza el miedo, y el más vale lo malo conocido, que después de haber sufrido una dictadura, bastante suerte tenemos con tener lo que tenemos. Y yo creo que esta crisis es una oportunidad fabulosa para sacar a la palestra los problemas no sólo de nuestro modelo económico y nuestro estilo de vida, sino también de nuestra limitadísima democracia y del actual modelo de estado. Claro que con la legislación vigente el cambio es imposible. Cuál de los dos únicos partidos que con ella pueden gobernar aprobaría una ley que pusiera en peligro el continuar chupando del bote, eso sí, y gracias a la democracia, con una cierta alternancia…..

Y con ese escenario, al ciudadano qué le queda. El silencio en casa, el recurso de la pataleta… o tomar el Congreso. Pero aunque la última opción sea la más eficaz y la más eficiente, sigo defendiendo el recurso de la pataleta. Que vaya a más. Y preferentemente, al estilo Gandhi. Que los antidisturbios nos muelan a palos -así se definen y se desacreditan-, pero que no haya nada que reprocharle a la protesta. Que no quede una persona descontenta sin expresarlo. Porque ahora mismo, es el único medio legal del que disponemos.

Anuncios