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Buenos días de viernes. Desayuno con las noticias y resulta que es sábado. Vaya, otra vez llego tarde. Tengo quince minutos para escribir. Esta vez sí sé. Porque después de que Ana y Carmen se preguntaran acerca de la imparcialidad acerca de los premios literarios, llega Javier Marías, y renuncia a su premio Nacional de Literatura por el libro Los enamoramientos. Por coherencia. Javier Marías ya llevaba tiempo diciendo que para mantener su imparcialidad, y sentirse más libre, no quería recibir ningún premio que proviniera del erario público. Fuera concedido fuera el partido que fuera el que estuviera gobernando en el momento. Y no sólo lo dice sino que lo hace. Que no tiene por qué recibir dinero público por desarrollar su trabajo. Que le haría más feliz que la dotación fuera destinada a las bibliotecas públicas, que han recibido una partida presupuestaria de cero en los actuales presupuestos. A mí me ha resultado una postura admirable.

Antes de su nombramiento, había leído una crítica acerca de su obra Los enamoramientos. La escribía Eduardo Mendoza. Carmen hablaba de los criterios tan subjetivos que se empleaban a la hora de conceder el Nobel. Pues bien, leo que por una vez, un libro recibe el apoyo unánime de crítica y público, ese tan sumamente complicado de obtener. Supongo que eso hace que lo subjetivo se convierta en objetivo. Ha gustado. A todos. Si gusta a todos es que es bonito. Es algo así de abstracto. Como la pregunta de qué es bello. Un atardecer gusta a todos. Hay consenso en cuanto a la belleza. Un cuadro de Tàpies no. Eso no significa que no sea bello. O que no sea arte. Pero no para todos. Cuando hay algo en lo que por una vez hay un amplísimo consenso, es por algo. Yo estoy deseando leer ese libro. Y supongo que para Javier Marías, el saber que su obra ha recibido un apoyo unánime, es sin duda, el mejor premio y el mejor reconocimiento.

Enhorabuena.

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2 pensamientos en “Los enamoramientos

  1. A mí, Marías no me ofreció ni un vaso de agua a las cuatro de la tarde de un caluroso julio de hace más de una década al recibirme en su salón de la Plaza de la Villa de Madrid para una sesión fotográfica encargada por el Diario AS. Al despedirnos me preguntó de que equipo era, le contesté que de ninguno a lo que el apostilló que entonces yo no disfrutaría con mi trabajo.
    Marías, aquí el único que no disfruta del fútbol eres tú, que te has tenido que quedar en la grada mientras yo pisaba la hierba de los míticos estadios repartidos por el planeta fútbol.

    Al día siguiente me recibió el gran cineasta Gonzalo Suarez, en sus inicios reportero deportivo.
    Me preparo personálmente un café mientras yo jugaba con sus perros.

    No me gustan los reinos y el de Redonda no es una excepción.

    • Yo no conozco a Javier Marías de nada. Sé que es escritor, alguna de las obras que ha escrito, y de las cuales he leído “Corazón tan blanco”. Supongo que no es incompatible que en ocasiones tenga un comportamiento mezquino y orgulloso y que en otras obre con coherencia. (Eso es algo que probablemente nos pasa a todos, y de ese gesto en concreto hablo). Supongo también que no es incompatible el hecho de que una persona tenga una mejor o peor calidad humana con tener y desarrollar un determinado talento artístico, no crees?. Vaya, yo hay personas con las que no compartiría una cerveza, pero a las que como artistas admiro. Después de tu comentario, aunque nunca me hubiera planteado estrechar lazos con Marías, se me quitan las ganas ante una hipotética posibilidad. Sin embargo, la curiosidad por leer su obra continúa… Un abrazo.

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