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Nos comentaba Patricia el viernes la noticia del rechazo de Javier Marías a su Premio Nacional de Literatura por su libro Los enamoramientos. Esa sorprendente, por poco habitual, noticia de que alguien, por coherencia, renuncia a uno de los mayores premios que en España pueden concederse a un libro. Y resulta que Marías redacta una renuncia impecable en la que nadie puede sentirse agraviado, no en vano es un buen escritor, pero tampoco deja ningún margen a la duda. Renuncia, y punto.

Cuando tantas veces se habla de los enormes egos de los escritores y su continua necesidad de reconocimiento, resulta que hay uno que renuncia al más alto galardón literario a un libro en su país, y se queda tan ancho. No es común y, quizá, por ello, es más admirable.

También es verdad que su renuncia se refiere a un reconocimiento político, para no cobrar de un erario público tan “recortado” en los últimos tiempos, pero no renuncia al mayor y más importante de los reconocimientos que pretende un escritor: el de los lectores.

No dudo que produzca alegría un premio literario, pero cuando de verdad se alegra el alma del escritor es cuando se sabe leído, entendido, disfrutado y valorado por un número creciente de lectores. Eso sí que halaga el ego de cualquiera.

Al reducido nivel de los que escribimos sin dirigirnos a las grandes masas (bueno, o dirigiéndonos sin que ellas se den por aludidas) el comprobar que tus lectores aumentan o que, los pocos que tienes, te son fieles produce una gran alegría.

En mi caso, he llegado a tal punto que un “me gusta como escribes” manifestado por cualquier persona (adulta o no) de inteligencia media iguala a la ilusión que me hace un “qué buena estás” proferido por cualquier hombre impar adulto e interesante…

No sé yo si no me estoy echando a perder.

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5 pensamientos en “Reconocimientos

  1. Estoy de acuerdo. Escribimos para comunicarnos. Su fuera únicamente por desahogo, o por disfrute propio, escribiríamos en una hoja de papel y la tiraríamos a la basura después. Pero no, escribimos y lo compartimos en un medio público accesible a cualquiera que tenga un ordenador, una conexión a internet y manejo de la lengua española. Escribimos para decirle algo a alguien. Para compartirlo. Y que exista un alguien ahí detrás, que escuche, o que participe, que esté de acuerdo, o en desacuerdo, saber que existe alguien, que hay algún tipo de comunicación o de diálogo, es uno de los motivos para continuar.

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