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Nos contaba Karmen el miércoles sus problemas para entender ese nuevo lenguaje digital más lleno de signos que de letras. De siempre los adolescentes han buscado distinguirse del lenguaje de sus padres, pero antes sólo se podía variar el tono, algunas palabras o añadir gestos  para marcar la diferencia, para entenderse sólo entre ellos, para remarcar que los adultos no les entienden y, en el fondo, ahondar esa diferencia.

En la era digital los dispositivos electrónicos de toda clase les han planteado un reto. Porque al texto escrito es muy difícil añadirle un tono o un gesto (para paliar esa carencia se inventaron los emoticonos hace 30 años) así que, para poder diferenciarse de los adultos, hay que inventar un nuevo lenguaje escrito. Y abrevian, utilizan las letras según su sonido y eliminan las haches y la diferencia entre la b y la v. Inventan un lenguaje, diferente del de los adultos que, en su mayoría, no entienden nada: objetivo conseguido.

Pero si la inteligencia es la capacidad de entender o comprender, esa búsqueda de la diferencia y esa ausencia de entendimiento ¿no nos vuelve a todos más tontos?

Es muy fácil oír a padres de adolescentes quejarse de que “están tontos”, de que “no hay quien les entienda”… pero ¿son sólo ellos? ¿no será que los adultos hemos trabajado poco la aptitud para entendernos y somos incapaces de hacerlo? ¿eso no nos vuelve algo tontos a nosotros también?

Cuando un mensaje no se entiende puede ser que el emisor no comunique bien o que el receptor no sea capaz de asimilar el mensaje pero, en la mayoría de los casos, en las relaciones entre personas de cualquier edad suele haber un poco de las dos.

Yo querría pensar que, cuando mis adolescentes me planteen sus mensajes y yo no les entienda o cuando yo se los transmita a ellos y ellos no sean capaces de entenderlos, mi conclusión no sea: “vaya, ya están tontos” y quedarme tranquila en mi “inteligencia superior”. Porque si yo no les entiendo, lo seguro es que mi inteligencia no es superior, y tengo ciertas dudas sobre si siquiera podría llamarse inteligencia.

En resumen, que yo aspiro a que la adolescencia de mis descendientes no me convierta en una tonta emocional.

Aspiro, digo, que no las tengo todas conmigo…

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Un pensamiento en “Tú sí que eres tonto…

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