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Llevaba muchos días sin leer la prensa. Me enteré por un correo electrónico que Obama había ganado las elecciones sin saber que los comicios se habían producido el día anterior, y por el artículo de Carmen que el constitucional había ratificado la constitucionalidad del matrimonio homosexual. He de reconocer que poner un poco de distancia con respecto de la realidad política y económica que vivimos me da un poco más de paz de espíritu: la felicidad del ignorante. Pero aunque lo intento, la realidad es tan evidente que se impone a la prensa, sale de ella, se coloca en mi pequeño mundo, y hace que resulte imposible no verla. Y voy al cole a recoger a los niños y me encuentro con parados de larga duración, -cómo no nos los vamos a encontrar fuera de los periódicos, si son uno de cada cuatro- que también han ido al colegio, y me cuentan en primicia su situación, y me dan sus CV para que los mande donde pueda, y me hablan de sus situaciones que se acercan al límite, y me hablan de sus casas, de sus hipotecas, de que el tiempo de subsistencia se va agotando, y no he leído la prensa, pero tengo en testimonios información como para llenar un especial crisis. Yo me hago consciente una vez más de la suerte que he tenido con mi trabajo, y con haber esquivado, al menos durante unos meses, la precariedad. Y lanzo esos CV, que a veces lo que da vergüenza para uno mismo no da para los demás.

Ayer, dispuesta a escribir mi artículo, leo la prensa. Y parece que el gobierno junto con la oposición, se han propuesto poner coto a los desahucios de la banca tras el suceso de un nuevo suicidio. Yo pienso que por fin. Por fin. Pero, por otro lado, me llama la atención la causa, y que nuestros legisladores sean tan sensibles al suicidio y no lo fueran al del desamparo. Es decir, ¿hace falta que una persona se suicide para que alguien se dé cuenta que el hecho de que una familia se quede en la calle -con o sin deuda, pues la dación en pago no elimina el drama de tener que buscarse un albergue, o el de tener que dar a los hijos a los servicios sociales temporalmente, etc…- es una situación lo suficientemente extrema como para tratar de evitarla por todos los medios? El otro día leí la situación de una pareja de ancianos, un señor de 80 años y su mujer de alguno menos. Habían terminado de pagar su casa en 1975, pero hace unos años, avalaron a su hijo único para ayudarle a montar un negocio. En el banco les dijeron que no había riesgo ninguno, y era la única forma de que al hijo de dieran el préstamo. Y unos años más tarde, iban a embargarles su vivienda. Tras muchas negociaciones con organizaciones que se prestaron a ayudarlos, consiguieron que el banco les permitiera permanecer en la vivienda a cambio del pago de un alquiler social -o en condiciones ventajosas, que por lo visto la banca prefiere esa terminología-. Y en Tenerife, Bankia ha cedido a la dación en pago de tres ejecuciones, y al alquiler social en otro caso, sólo cuando intervino el alcalde amenazando con retirar los fondos públicos de esa entidad. Parece que el sector bancario está acostumbrado a campar a sus anchas, y no está acostumbrado a aceptar límites legales ni mucho menos éticos. Y parece ser que el gobierno ha decidido intentar poner algún límite. Les ha costado unos cuantos años ya de crisis, y aún no hay ley alguna que impida que una nueva crisis financiera vuelva a ocurrir, pero por algo hay que empezar.

Claro, que si el gobierno a lo que es sensible es a los suicidios, quizás, ante el nuevo anuncio de IBERIA de despedir a la mitad de su plantilla en aras de hacer competitiva la empresa, cuando ahora la ministra entre sudores fríos, les ruega usar la nueva ley que les han servido con “sensibilidad” para evitar despidos, quizás, ante unos cuantos suicidios de futuros desempleados de Iberia, el gobierno se replantearía las bondades de la  “flexibilización” del mercado laboral?

Porque si fuera posible evitarlo, yo me ofrecería a hablar con quien quiera para contarles la desesperación y otras implicaciones de perder el empleo, que tengo testimonios cada tarde. Por si, quienes hacen las leyes, viven en un mundo tan estrecho que no tienen a nadie que les cuente lo que supone no poder pagar los recibos a fin de mes, o el colegio de los hijos, o el alquiler o la hipoteca.

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Un pensamiento en “Límites a situaciones límite

  1. Ahi está el problema creo, que viven tan alejados de la realidad, dentro de su burbuja de poder que les protege a ellos y a sus más allegados, que se aislan del sufrimiento ajena o por lo menos, les inhibe la empatía. Algo que para mi debería ser fundamental a la hora de gobernar. Al fin y al cabo, su principal deber es garantizar la seguridad y el bienestar de TODOS los ciudadanos.

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