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Después de leer a Patricia el viernes me las prometía yo muy felices para hoy porque hoy el gobierno y el principal partido de la oposición iban a llegar a un acuerdo para evitar los desahucios. Y resulta que me pongo ahora a leer la prensa digital y el titular que abre las portadas es que no han logrado cerrar un pacto después de seis horas de negociación y las posiciones siguen alejadas. Alejadas, dicen. ¿Y qué hacen que no las acercan? Porque el lunes no acaba hasta dentro de un rato (que bien me lo sé yo que suelo apurar al máximo) y ellos ya han dejado de negociar hace otro. ¿Y por qué lo dejan? Que la mayoría tenemos un horario laboral que cumplimos pero, si hay algún asunto importante, nadie se mueve de su mesa hasta que no se termina. Y resulta que estos políticos, que no tienen un horario laboral que cumplir y que cobran como si cumplieran dos o tres, dejan de negociar a no sé qué hora sin haber llegado a un acuerdo.

Yo sé que cuando hubo que negociar la entrada de España en el mercado común (ya hace años) las reuniones abarcaban noches enteras y se llegaba a “parar los relojes” para que los acuerdos constaran como tomados en el plazo comprometido. Nadie se movía hasta que el acuerdo no se tomaba. ¿Es que eso ya no se estila?

Pues lo mismo es pedir mucho pero yo esperaba que hoy los negociadores del gobierno y oposición no se fueran a dormir y no pararan, salvo para ir al baño y tomar un café para mantenerse despiertos, hasta que se hubiera llegado a un acuerdo.

Pero no, ellos han parado, y se han ido a dormir… ¿tranquilos?

No sé cuántos desahucios hay en trámite, no lo sé. Pero estoy segura de que hay familias enteras en las que hoy no duerme nadie por la incertidumbre de su situación futura. ¿Y los que tienen en sus manos la decisión sí duermen?

Lo mismo llegan a un acuerdo mañana, o pasado mañana, o quizá opten por no resolver nada y echarse la culpa los unos a los otros mientras se eleva el número de gente que va a dormir en la calle. Pero de lo que sí estoy segura es de que mi opinión les importa un rábano. No obstante, y  por si acaso, no quiero dejar de decirles que, lo que es a mí… ya me tienen harta.

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