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Esperar…Y de los políticos, cruda aspiración.

Ya es mucho el tiempo que una gran parte de la población desconfía de sus representantes. Hasta aquéllos que tienen clara de toda la vida su adscripción política empiezan a no fiarse de quienes llevan las riendas de sus partidos. Y, como el hastío de la población se extiende a los políticos de cualquier adscripción (entendidos como políticos también los dirigentes sindicales) es imposible encontrar una salida dentro del sistema establecido. Porque hay que ganar unas elecciones y, para ganar unas elecciones, hay que afiliarse a un partido que llegue a tener un apoyo mayoritario y, para que llegue a tener un apoyo mayoritario, tiene que contar con políticos que lo dirijan que no estén quemados por la política actual y que sigan teniendo respeto por la profesión política para dejar su vida y dedicarse a esta otra y, además, deben saber transmitir a la gente entusiasmo y confianza y, además de los ademases, tener unas bases programáticas que puedan agrupar a la mayor parte de la población…

Un programa. La base de cualquier candidatura política.

Un programa de acciones futuras, un conjunto de acciones futuras que puedan conformar una estrategia a largo plazo para, desde el fin ambicioso del largo plazo, ir desgranando fines más cercanos y posibles. Una estrategia que pueda poner de acuerdo a un porcentaje mayoritario de la población. Y ahí viene el problema.

Yo podría jurar que la mayoría de la población española en la actualidad podría agruparse en una sensación común de hastío y desconfianza política. Y, si eso pudiera ser un programa, fácil sería obtener la mayoría absoluta. Pero una queja, una reclamación, no forma un programa. Y cada uno tiene una particular visión de cómo salir de esta situación, visiones particulares que no se agrupan en una sola.

A mí siempre me ha parecido sorprendente que cada partido político sea capaz de reunir a centenares de miles de personas en un supuesto programa único, que tanta gente crea tener opiniones iguales sobre tantos temas, porque luego, hablando con algunos de ellos (de los distintos partidos), una se da cuenta de que algunas de sus opiniones no coinciden con la de su partido de adscripción e, incluso, algunas de ellas, coinciden mucho mejor con las del partido que creen totalmente contrario a su ideología. Hace tiempo me enviaron un correo electrónico con un enlace a un test que te evaluaba tu tendencia política. Me pareció que esta podría ser fácilmente una vía de asignación, porque si este test fuera efectivo y nos catalogara y adscribiera al partido más adecuado a lo que de verdad creemos, los partidos podrían estar más cohesionados, pero, por otra parte, anda que no habría sorpresas.

Los partidos políticos se han convertido para muchos en algo así como la pertenencia a un club deportivo. Se elige una vez (o incluso se asumen las ideas de la familia o, por llevar la contraria, justo las del otro lado) sin hacer un examen general de lo que de verdad propugna un partido y lo que de verdad creemos cada uno.

Porque a mi no me parece de verdad normal que sea posible afiliarse a un partido y estar absolutamente de acuerdo con esos ideales de por vida… ¿es que no evolucionamos cada uno? ¿es que no evolucionan los partidos? ¿es que se les da a los partidos un cheque en blanco para hacer lo que les venga en gana?

Cada vez me parece mejor opción la de un gobierno dirigido por técnicos que someta las decisiones importantes a referéndum automático a través de Internet. No tiene por qué ser peor que lo que tenemos. Difícil es.

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4 pensamientos en “Del ponerse de acuerdo y la ideología

  1. Creo que das en el clavo, la gente se afilia por lo que cree una afinidad política cuando normalmente ni siquiera analiza los programas de los partidos políticos, ya no los de otro signo, sino ni siquiera los del que votan. Triste desinformación.

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