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(…) la revolución se debe iniciar desde abajo. De manera pacífica pero constante, que nuestros pequeños cambios, esos que Ana defendía, vayan transformando poco a poco a la sociedad y con ella a un sistema más justo y equitativo para todos.(…)

Eso decía Carmen, entre otras cosas. Y dentro de esos pequeños cambios se refería al consumo. Yo creo que esa es una de las claves. Nosotros, como consumidores, somos un arma poderosa. Nos quejamos de que ahora no hay ideas sino economía, nos quejamos de que no son nuestros políticos los que gobiernan sino los poderes fácticos, que son las instituciones financieras y las grandes multinacionales. Pero resulta que ¿quiénes fomentan su forma de hacer las cosas? Quienes compramos sus productos. NOSOTROS. Así de duro. Ellos son grandes y utilizan su posición de fuerza generando desequilibrios e injusticia social porque nosotros consumimos y compramos sus productos. En masa.

Las leyes de mercado son perversas e implacables. Pero podríamos usarlas a nuestro favor. Modificando la demanda al modificar nuestros criterios a la hora de consumir obligaríamos a modificar la oferta. Introduzcamos esa sensibilidad incipiente -por la justicia, por la sostenibilidad, por la ecología, por el pequeño comercio- en nuestra cesta de la compra, y, poco a poco, tendremos un mundo nuevo. Fomentemos con nuestras compras los valores en los que creemos y no aquellos que nos esclavizan.

Lo que ocurre es que a veces estamos muy perdidos, tantos años de inercia, una vida tan difícil -o tan fácil-, que de pronto se nos hace un mundo cambiar los hábitos. Es como comenzar a hacer deporte. Que será muy saludable, pero así de entrada, encontrar el tiempo y practicarlo produce una pereza espantosa, y agujetas al principio. Pero después nos sentimos mejor. Cuerpo y mente.

Cuando uno se plantea comenzar a consumir de forma alternativa, surgen además muchas dudas. ¿Y entonces qué compro? ¿Dónde? ¿Qué quiero fomentar y qué no quiero fomentar?

En alimentación quizás es donde resulte más sencillo el cambio. Desde encontrar pequeño comercio tradicional en casi cualquier esquina hasta unirse a grupos de consumo, pasando por contactar directamente con productores, pequeño establecimiento especializado en comercio justo o en agricultura ecológica, o en ambas cosas a la vez,  venta on-line…. En otros sectores es prácticamente imposible encontrar otra alternativa que no sea el pequeño comercio tradiciona,l y además es escaso, como el textil, por ejemplo. Pero hasta en bancos está comenzando a haber alternativas, como el Tríodos, por ejemplo, que sólo financia empresas y proyectos de sectores sostenibles de la economía real, que aportan un valor añadido social, cultural y medioambiental.

En cualquier caso, a veces se echa en falta una guía para quienes quieren iniciarse, a quienes a la pereza del cambio (que aunque se emprenda con ilusión habíamos quedado en que cuesta, como el deporte) se le une un ingente esfuerzo de búsqueda, filtro, referencias, la sensación de estar perdido y no saber por dónde empezar… Y la verdad es que lo que me ronda la cabeza es tratar de acometer esa tarea poco a poco con quien me quiera ayudar.

Pero así, de entrada, voy a intentar establecer una mini guía de principios de consumo. Al principio pensaba en un decálogo, pero, como dice mi padre, los diez mandamientos se incumplen porque diez son demasiados. Así que, por una vez, creo que voy a ser sintética, y escribir las que yo creo que son tres premisas fundamentales del consumo para el cambio:

Comprar al pequeño, si es del barrio, mejor (huir de grandes almacenes y multinacionales).

– Comprar sólo lo necesario.

– Preferir lo ecológico, lo justo y lo sostenible. (Sí, es más caro. Pero se aprecia más.)

Es hora de  la Revolución.

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2 pensamientos en “La Revolución de los pequeños

  1. Cono tu dices creo que empezar es lo difícil, luego solo es acostumbrarse, hasta que se nos hace un mundo ir a un centro comercial, con lo cómodo que es que nos atienda Pepe, el verdulero de la esquina que es el que sabe lo que nos gusta. Es entonces cuando nos preguntamos ¿porque no lo hemos hecho antes?, si además está todo más bueno. Yo lo de la banca ética ya lo tengo hecho, ahí me tocaba mucho la moral dar de comer a un atajo de ladrones y despilfarradores que además me hinchaban a comisiones para tapar sus propia incompetencia.
    Feliz viernes!

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