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Parece que hay acuerdo general en este blog en cuanto a que nuestro sistema, y nuestras vidas, necesitan un cambio, un cambio grande… una revolución. Y en cuanto a que esos cambios, vista la poca intención aparente de nuestros dirigentes políticos de acometerlos, hemos de iniciarlos los ciudadanos, para ir de lo pequeño a lo grande, sumando muchos pequeños.

Hay pequeños que se unen y forman un grupo, y ya son grandes y, a la hora de emprender un cambio o enfrentarse a una organización, están apoyados y se sienten más fuertes.

Hay pequeños, en cambio, que, según en qué ocasiones, emprenden los cambios, o afrontan sus acciones para intentar mover un poquito el mundo, solos, sin grupo que los apoye.

Además, hay muchas acciones que no pueden empezarse en grupo, o pueden pero no suelen, porque las mechas se prenden con una sola cerilla. Y quizá la cerilla fue valiente, supo lo que hacía al encender la mecha, y se mantiene fuerte independientemente de que la mecha prenda o no, segura de lo que hizo pero… no siempre es así.

Hay cerillas valientes, pero prudentes, temerarias pero un poco inseguras, que, cuando encienden la mecha y ven que va prendiendo un poco… se asustan. Se asustan porque están solas, porque saben que, si la mecha prende del todo, puede haber una revolución y es difícil ser cerilla fuera de la caja y más si esa cerilla prendida se convierte en un foco de atención. Hay cerillas con vocación de cerilla de caja que viven como cerillas solas permanentemente encendidas prendiendo mechas a diestro y siniestro. Y es verdad que algunas mechas prenden, pero otras no, y es más fácil llevar el éxito o el fracaso dentro de una caja.

Toda revolución, pequeña o grande, ha empezado con una pequeña cerilla, con un pequeño David, a veces sin honda, ante un gran y monstruoso Goliat. Y, aunque la historia no lo diga, a David puede que no le temblara el brazo que impulsó la honda, pero quizá las piernas sí. Ese temblor que cualquier pequeño (cualquier cerilla) ha sentido al enfrentarse a cualquier empresa grande, ese temblor, mezcla de responsabilidad y valor, que es la fuerza que mueve el mundo… aunque a veces provoque ahogos o bajadas de tensión (si es que hay cerillas que deberían pensarse un poco más en qué líos se andan metiendo).

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