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Estas navidades me han regalado muchos libros. Hay gente que recibe los libros con desencanto, como si fuera un signo de falta de esmero, un regalo de salir del paso, como quien abre con ilusión un paquete y encuentra un par de calcetines, una bata, o una corbata. Para mí, dentro de la categoría de regalos comprados, son uno de mis preferidos, y más aún ahora que se han convertido en un artículo de lujo – como todo aquello que no sea llegar a fin de mes.

La cosa es que le estaba enseñando mis libros a uno de mis invitados  el día de reyes. Los estuvo mirando interesado e hizo el siguiente comentario: “todo es narrativa… a mí también me gusta mucho leer, pero yo nunca leo novela, a mí me gusta más leer cosas que hagan pensar”.

Lo cierto es que este comentario me hizo pensar en qué es lo que hace pensar.

¿Qué es lo que hace pensar?

El ensayo, aunque resulte un género ecléctico, creo que bien podría denominarse pensamiento escrito. El ensayo es pensamiento puro, es una reflexión que realiza el autor sobre cualquier tipo de tema.  ¿Hace pensar? Pues sí, en la medida en que descubra una reflexión desconocida, o, sobre una ya realizada por el lector, un punto de vista diferente. Pero ¿es lo único que hace pensar? Porque digo yo que el autor del ensayo, para elaborar su pensamiento, ha partido de algo, algo que le haya empujado a reflexionar para poder plasmarlo después.

Me recomendaba mi invitado un libro para pensar, cuyo título no citaré por consideración, pero me comentó que su autor era un psicólogo, y que había puesto por escrito las conclusiones que extraía de lo que veía en su consulta, o mejor dicho, en sus pacientes. Es decir, que a raíz de la observación de la realidad, había elaborado una reflexión y extraído unas conclusiones acerca del comportamiento humano. Es decir, que al autor lo que le había hecho pensar es la observación de una realidad.

Pienso en mí misma, que abrí hace unos años un cuaderno llamado reflexiones, y pienso en el origen de las mismas. Y en la finalidad, que también es  importante.  Me interesa conocer la naturaleza del ser humano, sus por qués. Y me interesa conocerme yo y mis por qués. Ya sé que es vano, porque nunca será posible su conocimiento total, pero es que además si algo me apasiona es esa imposibilidad, la sorpresa, la infinitud, la contradicción. De todos modos, cada uno tiene sus centros de interés. Hay quien colecciona sellos aún sabiendo que jamás podrá tenerlos todos.  Conocer al ser humano y conocerme a mí, esa es la finalidad de mi pensamiento. Y aunque de vez en cuando leo lo que piensan otras personas, el origen de mi pensamiento está casi siempre en la observación. Miro a mi alrededor, miro a las personas que me rodean, y me miro a mí.

Pero entonces, ¿para pensar sólo cabe observar la realidad? ¿la ficción es un mero pasatiempo incapaz de generar pensamientos?

Pues no, la ficción es también conocimiento de la condición humana y origen de pensamiento, porque aunque verse sobre hechos que no han ocurrido, y los protagonistas sean seres que no existen, gracias a este conocimiento, el autor les dota a estos seres ficticios de emociones, decisiones, contradicciones, vicios y virtudes, que hacen que a pesar de que no existan bien podrían haberlo hecho (reprimo las ganas de citar a Aristóteles). Esa verosimilitud hace que la observación de esos personajes y situaciones de ficción planteadas por el autor generen pensamientos, y que una ficción suscite reflexiones sobre la condición humana, sobre una determinada sociedad, sobre un contexto histórico, sobre determinadas actitudes, sobre determinadas culturas, sobre puntos de vista… se me ocurren infinitas posibilidades.

Así que qué es lo que hace pensar… todo o nada. Lo que hace pensar es nuestra propia disposición a observar, a analizar y a extraer conclusiones. Por todos los santos, ¡si a Newton le cayó una manzana en la cabeza y fijaos la que lió!.  Así que después de compartir mis divagaciones mentales, he pensado que en una mente despierta y reflexiva cualquier estímulo es susceptible de generar pensamientos. Porque lo que hace pensar no viene de fuera. Somos nosotros.

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