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Yo vivo rodeada de gente, de la culta y de la inculta pero, en su mayoría, de la de según en qué y para qué. Culturas de variada amplitud y aplicación práctica, culturas restringidas en general y alguna no tanto, pero nunca culturas totales, porque no conozco a nadie que sepa de todo y sea capaz de moverse con naturalidad y seguridad en todos los ambientes.

Dentro de la gente que conozco hay alguna que piensa poco (porque no da para más o porque no practica), gente que piensa bastante, gente que piensa mucho e, incluso, gente que piensa más de la cuenta.  Y, salvo en los que no dan para más, cualquier anécdota, noticia, prenda de ropa, incidencia meteorológica o personal, pueden hacerles pensar. Porque, como decía Patricia, el que está por pensar, no necesita mucho incentivo, es su propia cabeza la que le incita a ello.

Entre esos mis conocidos con diversos grados de actividad mental hay también una gran variedad en los gustos y aficiones y, entre los que les gusta leer, también hay múltiples opciones: el que lee de todo, el que lee sólo novela histórica, el que sólo lee historia real, quien lee revistas del corazón, periódicos generales o deportivos, quien se aficionó a la novela negra, o al cómic, o a los ensayos sobre temas relacionados con su profesión, también a los libros de viajes, a la literatura clásica, a la contemporánea, a la ciencia ficción o, incluso, a los relatos sobre zombis, de todo hay, según los gustos y, en algunos (yo incluida) según las épocas.

No he logrado asociar con correspondencia biunívoca el gusto por determinada lectura con el nivel de pensamiento alcanzado por cada uno pero lo que seguro a mí me da que pensar es esa gente que supuestamente necesita ensayos, textos reflexivos o artículos de investigación para pensar. Porque lo que me sugiere es que esa gente tiene dificultades para pensar por sí misma y, por eso, necesita ayuda. Necesitan que alguien les dé las reflexiones hechas, los juicios formados, las decisiones tomadas, porque a ellos les resulta difícil hacerlo.

Lo que me resulta más curioso es que esa gente que sólo puede leer “cosas que hagan pensar” encima suele utilizar un tono (con mirada incorporada) de superioridad al decirlo y, a pesar de su puesta en escena, cuando los oigo, no puedo evitar pensar…  pobrecillo, porque añaden a su problema de deficiencia cognitiva (creo que tonto en fino se dice así) la incapacidad para ser conscientes de su problema e intentar paliarlo, y así… ¿cómo van a conseguir pensar solitos?

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