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Las mayorías no son malas, decía Ana. De hecho, quizás uno de los problemas actuales es que sólo se escucha y posibilita la decisión de la mayoría cada cuatro años. Eso le otorga a la clase política un poder inmenso. Apuntaba Carmen que para ella la raíz de la distancia entre la clase política y la sociedad era que sus privilegios y prebendas les hacían olvidar como es el día a día de los ciudadanos de a pie. Aunque también es cierto que el día a día varía mucho entre unos ciudadanos de a pie y otros. Hay una gran heterogeneidad de calidades de vida. Ana proponía una investigación antropológica acerca de cuántos años tarda un político en perder la vocación de servicio para actuar pensando en sus propios intereses. Lamentablemente, pienso que cuando una persona llega al poder, tras muchos años de haberse preparado para ello, para ser elegida, el haber obtenido el poder es su gran premio. No el tener la oportunidad de mejorar las cosas en su municipio, comunidad autónoma o país, sino estar en el poder. El poder implica muchas cosas que vete a saber por qué nos subyugan. Que la gente a tu alrededor te obedezca, te respete, quiera obtener tus favores, tu gran despacho, tus fotos en prensa, tu lugar destacado en los eventos, tus invitaciones, tu lugar destacado en todas partes, tu nombre de pronto conocido a gran escala… Como aquél diálogo en la peli de los Simpson, en los que alguien del ejército le dice al político “señor, me temo que el poder lo ha enloquecido” y el político contesta “claro que sí. Trate de enloquecer sin poder, nadie le hace caso.”

El sistema actual está viciado. Sí. efectivamente. Creo que hoy en día es uno de los pocos consensos mayoritarios. El sistema está viciado, y las personas que lo componen también porque el sistema lo permite. Lo permite y lo que es peor, ¡lo incentiva! Y me baso en estos puntos:

1. Nuestro actual sistema está sustentado por una ley electoral que sólo permite que dos sean los partidos que puedan gobernar. Dos únicos partidos serán los encargados de hacer las leyes, como mucho a veces tendrán que negociar con pequeños si no han obtenido la absoluta. Sólo hay dos opciones de voto útil, tomando el concepto de útil como posible o práctico: o gobiernan los rojos o los azules. De modo que, hagan lo que hagan, hayan hecho lo que hayan hecho, sean quienes sean, van a salir elegidos siempre ellos. Rojos o azules con una cierta alternancia. Este hecho no fomenta mucho la autoexigencia dentro de un propio partido.

2. La gestión política no tiene consecuencias más que electorales -y cuando toca-, pero no jurídicas. Es decir, si yo, alcalde del pueblo A, decido hacer un aeropuerto que cuesta un huevo y medio, cuyo mantenimiento una vez construido va a suponer un huevo, resulta ser ruinoso porque nunca estudié su viabilidad económica o si realmente existía un beneficio social, sino vaya usted a saber qué (maletín de las constructoras y ser reelegido tras la inauguración), y debido a mi nefasta gestión, mi nefasta planificación, mi nefasta decisión, llevo al ayuntamiento a la ruina, no me pasa nada. Como mucho, puede que no me reelijan cuatro años después de dicha inauguración, cuando ya se aprecien los estragos, si es que alguien se entera antes del impago de las facturas del ayuntamiento de cuál es la situación económica y financiera del mismo. Pero para entonces el daño ya está hecho y es irreparable. ¿Quiénes lo pagan? Los ciudadanos.

3. La corrupción política no tiene consecuencias. Tampoco. Si robas o defraudas por encima de unos límites que hacen que se te aplique el código penal, irás a la cárcel…. a no ser que seas político.  De modo que, al final, estamos en un estado donde los actos de quienes nos representan y deciden por nosotros, no tienen consecuencias. Si yo robo y no pasa nada, ¿qué voy a hacer? seguir robando. Creo que el razonamiento es sencillo de entender, y además comprensible. Si a mi hijo no le hago saber que no debe pintar la pared, seguirá pintando la pared, y además se sentirá legitimado para ello,  si no le corrijo una mala conducta, no sólo no dejará de hacerla sino que se la reforzaré. Esto es así.

4. No existe transparencia en la gestión. Efectivamente, si los ciudadanos supiéramos qué inversiones se hacen, qué gastos implican, contra qué ingresos, si han salido las cuentas y si  no el por qué. Si tuviéramos cierres contables, desviaciones presupuestarias, quizás podríamos decidir mejor. Que igual no todo el mundo sabe interpretar estos datos, pero mucha gente sí, y podría explicarlo en lenguaje sencillo. Pero esta información es opaca, no está disponible, o al menos no de forma transparente. Cualquier organismo que se financie con dinero público debería responder públicamente de sus cuentas y de su gestión. Incluidos ayuntamientos, fundaciones de partidos políticos, etc, etc….

5. No existe separación de poderes. El poder judicial está politizado. El Tribunal de Cuentas está politizado. La Cámara está politizada. La CNMV está politizada. El Banco de España está politizado. ¿Quién va a controlar, a vetar, a denunciar al político que te da de comer? Hasta el día de hoy, lo hace la prensa cuando puede.

6. Como entre los políticos rojos y azules hacen las leyes, ¿quién las cambiará para que pueda gobernar un partido distinto y abrir la competencia? ¿quién las cambiará para que los poderes judiciales y de control y fiscalización de su trabajo sean objetivos y puedan vigilarles de manera efectiva? ¿quién las cambiará para endurecer las penas en los casos de corrupción política y los mande a la cárcel? ¿quién las cambiará para poder enjuiciar gestiones en las que se aprecie una clara negligencia política y los inhabilite? ¿quién va a dejar que sean los ciudadanos los que decidan ciertos aspectos que podrían impedir su impunidad?

Evidentemente hay muchas propuestas novedosas de un cambio en el sistema, como las que proponía el otro día, que no dejan de ser ideas acerca de una forma distinta de hacer las cosas, y precisan ser revisadas, desarrolladas y pensadas. Yo las entiendo como un brainstorming, como ideas en bruto a tratar y matizar. Para mí, el sistema actual necesita una revisión muy profunda. Un cambio en la ley electoral, en el código penal, en el funcionamiento de los órganos de control, un refuerzo democrático vía consulta obligatoria ante cuestiones políticas clave, tanto a nivel estatal -como la aprobación de los presupuestos, reformas en el código penal, privatización de servicios, etc…-  como a nivel autonómico y municipal – el respaldo mayoritario para realizar determinadas inversiones, para modificar servicios públicos clave, etc…. al final, creo que se trata de elaborar medidas para que quienes gobiernan no concentren todo el poder en sus manos. Porque el poder enloquece y envilece. Menos decisiones trascendentes sólo en sus manos, un mayor control de sus actuaciones y procedimientos, y una penalización ejemplar de aquellos que resulten faltos de responsabilidad, ética, y legalidad les pondría las cosas a nuestros gobernantes mucho más sencillas. Porque tal como está montado el tinglado, la tentación es enorme.

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