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23e5b2b471Saturno era hijo del Cielo y de la Tierra. Deseoso de ocupar el lugar de su padre se enfrentó a él, y una vez lo hubo vencido, reinó sobre todas cosas. Poder absoluto.

Pero del mismo modo que él le arrebató el trono a su padre, uno de sus descendientes estaba destinado a derrocarlo a él. Saturno entonces tomó una decisión. La de matar a todos sus hijos según nacieran, personalmente, devorándolos. Con el mito de Saturno nació la que para mí es una de las alegorías más estremecedoras acerca de la transformación que el ansia de poder ejerce en los seres humanos.

Saturno era un dios romano, pero tuvo su deidad correspondiente en Grecia: Cronos. Los clásicos creaban a los dioses y mitos a su imagen y semejanza. La mitología les servía para explicar la naturaleza humana. Los dioses clásicos tenían nuestros defectos y virtudes: se amaban, se traicionaban, se enemistaban, se vengaban, se compadecían, sufrían pasiones, celos, ira, … Lo que quiero decir con esto es que hace  tres mil años ya se venía observando al ser humano, y en lo que respecta al poder, ya advertían hasta qué extremos de abyección es capaz con tal de conseguirlo. Semejante constante, precisamente por constante, debe de formar parte, por desgracia, de nuestra naturaleza. Así de duro. Somos así. Ansiamos el poder, y esas ansias, sin control, nos convierten en monstruos. Alerta,  porque eso que tanto me repugna del vecino de enfrente, quizá en algún momento y en determinadas circunstancias, podría ocurrirme a mí. Por qué. Porque soy humana. Y como a los gremlins comer después de media noche, o al hombre lobo la luna llena,  pon el poder a nuestro alcance y mira en qué nos convertimos. Tenemos un montón de ejemplos en el pasado.  Y en el presente.

En estos últimos tiempos la ciudadanía recibe con estupor noticias diarias de nuevos casos de corrupción entre quienes portan distintos cetros (político, legislativo, económico….), y estamos llegando a unos niveles de descreimiento y desconfianza muy alarmantes. Alarmante es también la laxitud de aquellas personas que se han visto envueltas, y la de las que les son cercanas por pertenecer a un mismo partido o asociación, justificando, defendiendo públicamente o restando importancia a las faltas, normalmente con el argumento de “esto ocurre así desde siempre y en todas partes”.

Yo quiero creer que todavía no estamos tan ciegos ni tan devastados moralmente como para ser incapaces de continuar horrorizándonos ante la imagen de un hombre devorando a su hijo.  Y que esta imagen sea cada vez más frecuente no lo convierta en un horror más liviano, de esos de andar por casa, sino todo lo contrario, que esa frecuencia sea en sí misma un horror horrible, un horror insoportable.

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Un pensamiento en “Saturno devorando a su hijo

  1. Yo creo que no solo no erdemos la capacidad de horrorizarnos sino que cada vez nos escandalizamos más, porque nunca creímos que tanta mentira fuera posible. Lo malo es que no sacan a los políticos honrados que los hay, y al final a la gente le va a dar verguenza decir a lo que se dedica por culpa de unos cuantos.

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