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Mostraba dios Sancusmuy gráfica Patricia el viernes hasta qué punto puede corromper el poder. Y eso es algo en lo que, visto lo visto en los últimos tiempos, todos estamos de acuerdo. El poder puede corromper sí, y  mucho. Pero ¿podemos aún considerar una posibilidad el que exista la opción de corromperse o no? Porque las noticias de las últimas semanas parecen abonar la creencia de que el poder corrompe siempre y con el agravante de que los poderosos corruptos ni siquiera son conscientes de su corrupción porque les parece normal lo que están haciendo. Y, claro, así nadie dimite. Todos acusan a diestro y siniestro pero nadie admite ni una mínima culpa y, por tanto, nadie dimite.

Pero tampoco nadie admite una mínima culpa en la calle, si defraudamos impuestos, si transgredimos normas fiscales, económicas, de tráfico… no está mal. Porque, en ese caso, son las normas las que están mal hechas, y cada uno nos montamos un código jurídico (y moral) a nuestra medida. A unos no les parece que conducir a 180 km/h sea nada malo (porque ellos conducen muy bien), a otros no les parece que pagar servicios sin IVA sea tampoco nada malo (al fin y al cabo sale más barato y hay otros que choricean más), hay a quien no le parece malo no haber dado de alta a sus asistentas en el régimen de la Seguridad Social (porque ya estaban acostumbradas a no estar…), hay empresarios que no cumplen las normas de seguridad de sus empleados (pero eso no es malo porque nunca las cumplieron y nunca pasó nada), se anima a los niños a que mientan sobre su edad para entrar gratis en los medios de transporte, o en el zoo (es sólo una mentirijila), hacemos descargas ilegales de música, libros y películas… y, como no hacemos daño a nadie, no pasa nada, porque esas normas, en concreto, son transgredibles, para nosotros al menos.

Es difícil no pensar que si, con poquito poder, nos manejamos con soltura en corruptelas menores, no es la ecuación lógica que, a mayor poder, alcancemos mayores cuotas de corrupción. Pero, si esto es así, ¿no se contradice la afirmación de que es el poder lo que corrompe? ¿no será que simplemente da mayores oportunidades a quien ya llegó corrupto?

¿Por qué le echamos toda la culpa al poder?

Lo que a mí me parece difícil es que quien aprovecha la menor oportunidad de contravenir las normas en provecho propio, vaya a mejorar y a convertirse en alguien honesto y estricto cumplidor de las normas cuando las ocasiones y el alcance de éstas crezcan como la espuma.

Quizá es verdad que el poder tiene la facultad y la posibilidad de corromper a quien lo ostente, pero sin duda esa probabilidad será certeza cuando los agraciados con sus favores sean ya terreno abonado.

El poder tiene la facultad de corromper, eso es seguro, y el dinero, y alguna otra cosita más, pero me niego a creer que esa facultad sea una certeza. Así que…

…tan sólo hay que buscar personas verdaderamente honestas, que a la vez sean inteligentes y capaces, que aspiren a un puesto de responsabilidad política, jurídica y/o económica con el único objeto de contribuir al bien común y mejorar un sistema que se nos cae por todos los lados. Sólo eso. Nada más. Así de fácil.

¿Os suena haber oído de alguien?

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Un pensamiento en “Del poder, la corrupción y la honestidad

  1. Visto así, es verdad que todos nos dejamos corromper a escalas pequeñas, porque no tenemos oportunidades grandes. Quizá falta alguna asignatura de honestidad en casas y escuelas…

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