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Ayer leí en la prensa que la Consejería de Vivienda del gobierno de Dolores Cospedal ha remitido un escrito a sus delegaciones territoriales en el que ordena que omitan la palabra “desahucio” en la información que envían a las familias a las que se les adjudicó una vivienda social y a las que van a someter a este procedimiento. Textualmente dice:

que las palabras prohibidas se han de “sustituir por otras menos contundentes” y da alternativas, que no son más que eufemismos como, por ejemplo, que “el impago producirá todos los efectos previstos en la normativa”. “Se omitirá toda referencia a que será desahuciado, lanzado de su vivienda, privado de ella”, insiste el escrito que, en mayúscula, exige a los servicios territoriales que vayan modificando los modelos y formularios que utilizan en sus comunicaciones.”

 Me viene a la cabeza la Neolengua que Orwell ideó en su novela 1984, mi distopía favorita. El objeto de la neolengua era modificar la antigua lengua para eliminar otras formas de pensamientos contrarias a los principios del partido único. Lo que traducido a nuestro presente económico y social significa manipular la realidad para conseguir que los ciudadanos no opongan demasiada resistencia a las medidas anunciadas.

En política siempre se han usado eufemismos para suavizar medidas demasiado drásticas, pero actualmente se está llegando a un uso del lenguaje en la comunicación política que busca descaradamente disfrazar la realidad para persuadir, tranquilizar, convencer e incluso culpabilizar a la población.

Zapatero empezó llamando a la crisis (que no reconocía), desaceleración.

Rajoy continuó cambiando la palabra rescate (que todos sabíamos lo que significaba) por las variadas: “línea de crédito”, “recapitalización”, “eurocrédito” o la mejor de todas: “préstamo en condiciones muy ventajosas

La flexibilización del mercado laboral” no es otra cosa que el abaratamiento del despido en la última reforma laboral.

la ratio de alumnos por clase no aumenta, se flexibiliza”. Esta flexibilidad quiere decir que en muchas aulas todavía se pueden apretar un poco más y meter más sillas y mesas.

Los recortes no son tales, sino “reformas”, “ajustes” u “optimización de recursos”, y si son permanentes entonces pasan a ser “reformas estructurales

Hay algunas cuya complejidad obliga a leerlas un par de veces para intentar entenderlas, contando con que la mayoría se quedarán igual y desde luego no relacionaran su significado con lo que realmente quieren decir, así Soraya Sáenz de Santamaría en vez de anunciar la subida del IRPF dijo “recargo complementario temporal de solidaridad en las rentas de trabajo y capital”, ahí es nada.

Montoro habló de “cambio de ponderación impositiva” para referirse a la subida del IVA y otros impuestos. Cuando se aprobó la reciente amnistía fiscal que ellos negaban, se refería a ella como “Gravamen a activos ocultos” o “medidas excepcionales para incentivar la tributación de rentas no declaradas”.  Y cuando les quitó la paga extra a los funcionarios dijo todo convencido que “no hay una bajada de las retribuciones, lo que hay es un retraimiento de la paga de diciembre que queda postergada a su inclusión en el fondo de pensiones

La privatización de los servicios públicos pasa a ser ”externalización de servicios”.

Porque lo del lunes de la Sra. Cospedal de “una indemnización en diferido, en forma de simulación en parte de lo que antes era una retribución…” ya no es un eufemismo, es una soberana metedura de pata.

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