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50 años la opinion

En su artículo del viernes escribía Patricia sobre la opinabilidad de las leyes, decía que para personas con “un mínimo de consciencia, responsabilidad y sentido crítico, es decir, para cualquiera que no sea un borrego, es imposible que no surja una opinión sobre las leyes”

Y yo estoy de acuerdo en la absoluta discrecionalidad de las opiniones sobre las leyes y sobre cualquier hecho que merezca nuestro interés. Es necesario tener un sentido crítico y una consciencia que permita la formación de una opinión o que posibilite darse cuenta de que no hay elementos de juicio suficientes para formarla y se decida acceder a otras informaciones o a otras opiniones para, estando o no de acuerdo con ellas, formar las nuestras.

Sí creo que la gran mayoría de la población adulta es capaz de formarse una opinión pero lo que empiezo a notar es que hay también una cantidad importante de adultos formados y capaces que, a pesar de haberse formado opiniones sobre muy diversas cuestiones, no son tan diestros a la hora de manifestarlas.

Deberíamos aprender a manifestar nuestras opiniones con naturalidad, sin agredir, sin despreciar al que no esté de acuerdo con nosotros, con la humildad de saber que nuestra opinión no será la única pero con la seguridad de que servirá para formar otras y permitirá llegar a tomar decisiones.

Las decisiones personales suelen tomarse en solitario, y si uno sólo cuenta con su opinión es a veces difícil formar un juicio válido. Por eso, en cuestiones personales importantes, nos asesoramos, pedimos consejo, opinión a gente que nos merece confianza. Uno decide pero los demás ayudan a formar la decisión con las opiniones, con los consejos, que se dan a quien decide.

Cuando las decisiones afectan a varias personas es natural que la decisión sea consensuada, que se tome en conjunto o que, quienes han de tomarla, consulten con los afectados para formarse una opinión que permita una buena decisión.

Y ahí es donde veo yo que radica el problema: ¿sabemos dar nuestra opinión? ¿Por qué hay tanta gente que, cuando se le pide opinión, opta por el anonimato, por no escribirla (para que no se sepa que te la di yo) o por ni siquiera darla? ¿Es miedo a opinar? ¿O es miedo a que nuestra opinión no sea la “correcta”?

Por lo que yo voy aprendiendo hacen falta unas cuantas opiniones incorrectas para llegar a la decisión correcta, por eso, cuantas más opiniones se tenga (correctas o no) más fácil será formar un juicio razonable, adecuado… justo.

Sé que en algunas Universidades existen grupos de debate que compiten dentro y fuera de la propia universidad, organizando encuentros con grupos de debate de otras universidades. No sé si lo hay en más sitios pero a mí me pareció una experiencia muy recomendable.

Por lo que yo he leído cuando hay “competiciones” los debates se organizan entre dos grupos que saben cuál va a ser el tema de discusión pero hasta pocas horas antes del debate, no conocen qué opinión habrán de defender: a favor o en contra. La idea es que los jóvenes aprendan a explicar sus argumentos sin que importe tanto la opinión final como la forma de defenderla y que aprendan también a ponerse en el lugar de aquellos que defienden opiniones contrarias, porque eso mejora sus capacidades para entender, hacerse entender y convencer.

Es una capacidad que debería ser enseñada en las escuelas, la de formar una opinión personal a través de las opiniones de otros, saber expresarla y defenderla poniéndose en el lugar del otro, sin agredir, sólo haciéndose entender y convenciendo o dejándose convencer cuando los argumentos del otro son más convincentes. El arte de opinar.

Difícilmente deberíamos poder asignarnos la categoría de “adultos” si no dominamos el arte de la opinión.

Porque, como decía Patricia, las leyes son opinables. Y todo lo que nos ocurre lo es. Pero si, todas esas opiniones que tenemos, no somos capaces de transmitirlas de forma útil y constructiva… qué más nos da. El mundo, los países, las ciudades, las comunidades de vecinos, los colegios, los comités de empresas, los Consejos de Administración, las familias… cualquier organización grande o chica, será siempre manejada por los mismos. Y quizá sea eso lo que nos merezcamos, por no saber opinar.

Bueno, esto es lo que yo, salvo mejor juicio… opino.

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